Infancia Leer +

En Luria Psicologia intervenimos en los problemas psicológicos en la infancia desde la perspectiva evolutiva del niño, entendiendo las diferentes etapas del desarrollo humano por las que va atravesando el menor. De este modo, podemos diferenciar  entre señales de alarma, que indican que la adaptación personal, social, o escolar del niño no es la adecuada y cuáles de estos comportamientos son normativos o esperados  para su grupo de edad.

Incorporamos en los programas de tratamiento a los mediadores principales y significativos (progenitores y  familia), pero también, cuando el caso lo requiera con profesores, cuidadores y otros adultos relevantes que convivan o participen en la crianza y educación del menor.

La intervención con el niño es individualizada y adaptada a las características propias de su edad, adecuando el lenguaje y las técnicas a través del juego.

Colaboramos activamente con otros profesionales (neurólogos, pediatras, endocrinos y psiquiatras) cuando es preciso.

Atendiendo al desarrollo infantil, las dificultades psicológicas que pueden surgir en las diferentes etapas son:

Etapa preescolar: de 3 a 6 años

La etapa preescolar se caracteriza por un considerable progreso en el desarrollo físico y emocional. Los niños ya dominan las tareas de socialización primaria: saben controlar sus esfínteres, vestirse y comer solos, controlar sus lágrimas y sus estallidos de cólera, por lo menos la mayor parte del tiempo. Además  al iniciarse el juego con iguales, es una etapa básica  para la socialización.

  • Problemas de sueño – vigilia. El niño/a:
    • No duerme
    • Tiene pesadillas
    • No quiere dormir sólo

Los trastornos del sueño no son un problema grave pero afectan a un alto porcentaje de niños. Se estima que hasta un 37% de los niños pequeños la padecen y un 20% de los adolescentes. A pesar de ser un problema leve es importante porque sobre él se pueden generar una serie de dificultades de relación entre padres e hijos que podrían ser evitados. Cuando los hijos tienen problemas de sueño, regularmente los padres duermen mal y están, con razón, irritables y cansados, pero frecuentemente lo muestran en situaciones poco oportunas. Por eso es preferible solucionar cuanto antes este tipo de problemas.

Se pueden distinguir entre alteraciones de sueño que se refieren al acto fisiológico  de dormir, y ensoñaciones o pesadillas que a su vez producen alteraciones del sueño: En el primer caso, los trastornos suelen tener un desencadenante de tipo físico, mientras que los segundos son ordinariamente de origen psicológico. Cuando el niño madura mentalmente puede tener trastornos del sueño fisiológico  de origen psicológico que aparecen asociados a casi todos los trastornos en donde se da un alto grado de ansiedad. Nada quita más el sueño que una fuerte preocupación y los niños suelen tener muchas, incluso a veces más que los adultos, porque tienen más imaginación. La imaginación proporciona al niño motivos de ansiedad que nunca se dan en el caso de un adulto. Por tanto el niño puede tener problemas de sueño tanto por motivos reales como por los imaginados (pesadillas, terrores nocturnos, etc.

A partir de la escolarización los niños suelen tener problemas en acostarse a una hora aconsejable y se niegan.

  • Problemas de alimentación. El niño/a:
    • No quiere comer
    • Tarda muchísimo en comer
    • Vomita la comida
    • El médico dice que puede tener obesidad

Durante la infancia es habitual encontrar el tipo de problemas alimentarios que podríamos llamar “menores” para diferenciarlos de las tres grandes alteraciones: bulimia, anorexia y obesidad. La problemática de exceso de comida puede darse en el mundo infantil, pero los problemas de comida más frecuentes y graves en el mundo de los niños y adolescentes es el rechazo a la comida.

En muchas ocasiones, los problemas infantiles surgen como consecuencia de la actuación de los adultos. Cuando no es así, ocurre también que su colaboración involuntaria sirve para mantener la situación problemática. Existen tres factores que influyen de manera decisiva en que se aprendan determinados comportamientos alimentarios, tanto si éstos son buenos como si son inadecuados: la atención, el modelo (la imitación) y el ambiente social en el que el niño aprende los hábitos de comida. Trabajar sobre ellos, es fundamental para que los hábitos alimentarios del niño mejoren.

  • Problemas de comportamiento. El niño/a:
    • Tiene rabietas
    • No sigue las normas
    • Insulta o agrede a los adultos
    • Pega o insulta a otros niños

Durante esta etapa suelen desaparecer las rabietas infantiles, no obstante los problemas de comportamiento se manifiestan de diferentes formas: agresividad y oposición.

Estos problemas de comportamiento cada vez son más comunes en la sociedad actual. La necesidad de inmediatez y la baja tolerancia a la frustración generan actitudes exigentes, negativistas y desafiantes en los niños, cada vez a más temprana edad.

Por otro lado, las situaciones de la familia urbana, en muchas ocasiones hacen que la educación moral de los niños recaiga en terceras personas y se fomente la complacencia con los niños y la ausencia de límites necesarios para el aprendizaje de normas y conductas socialmente adecuadas

La etapa escolar es la etapa en la que el niño se socializa y comparte las normas de la familia y la escuela con los iguales, y con los adultos.

Este tipo de comportamientos suelen aparecer de manera exclusiva en el entorno familiar, pero también pueden generalizarse o aparecer en  otros entornos, como por ejemplo en la escuela. Están marcados por un fuerte patrón de agresividad y desafío en el niño cuando no se le permite conseguir sus objetivos: ante la norma, la petición o los límites.

En estos casos es fundamental el trabajo coordinado con todos los mediadores que rodean la vida del niño, haciendo especial hincapié en las pautas familiares específicas a cada caso que pueden favorecer la reducción de estos comportamientos.

  • Trastornos del lenguaje: Retraso del lenguaje, Trastornos específicos del Lenguaje (T.E.L.), ausencia de habla (Mutismo selectivo). El niño/a:
    • Aún no habla de manera esperada a su edad
    • No habla con nadie fuera de casa
    • No pronuncia bien algunas palabras

carLa competencia lingüística se desarrolla sobre las competencias perceptiva y motriz, es decir, el niño primero percibe visual y auditivamente antes de emitir y comprender palabras y frases.

Entre los tres y los seis años se desarrolla el repertorio lingüístico completo en cuanto a pronunciación y construcción de frases; el vocabulario se perfecciona a lo largo de  toda la vida.

El lenguaje sienta las bases de la socialización del niño, y por ello es importante, que teniendo en cuenta los límites de la normalidad detectemos si el retraso es significativo para la edad del niño.

Podemos señalar como criterios significativos:

a) Le cuesta comprender, en ocasiones, las explicaciones.

b) La pronunciación inadecuada de sonidos y palabras  permanece.

c) No construye frases adecuadamente; no relata hechos o acontecimientos cotidianos.

d) Le cuesta expresarse o se inhibe excesivamente.

e) Puede presentar dificultades en los aprendizajes escolares. (Es importante la opinión del maestro).

f) Es importante tener en consideración que la intención comunicativa puede verse afectada, siempre y cuando tengamos en cuenta qué factores sociales y emocionales puedan estar mediando. ( ansiedad, miedos o estimulación inadecuada).

El mutismo selectivo aparece en la infancia como un comportamiento de carácter ansioso por el cual el niño, que no tiene problemas en la adquisición del habla, deja de hablar en algunos contextos, como el colegio o los extraños. Muchas veces, este comportamiento puede desconcertar a los padres; pero es importante trabajarlo desde un enfoque clínico relacionado con los comportamientos ansiosos para tener éxito en la intervención.

Etapa escolar: de 6 a 12 años

Durante esta etapa el niño comienza la Educación primaria, por lo que cada vez pasa menos tiempo en la familia y se relaciona más con compañeros y profesores. Se produce una reducción gradual de la dependencia de los padres, por lo que la consecución de objetivos y logros, van a sentar las bases del bienestar emocional del niño.

  • Problemas de control de esfínteres. El niño/a:
    • Se hace pis en la cama
    • Aún se hace pis por el día
    • Se hace caca

Como todos los problemas psicológicos que aparecen en la infancia es importante tener en cuenta el desarrollo evolutivo del niño para determinar si es un problema o no. Antes de los 5 años no se considera que el déficit en el control de los esfínteres sea  un problema de enuresis o encopresis. Es fundamental descartar con antelación problemas de carácter orgánico así como déficit en la instauración de los hábitos de limpieza.

A través de la intervención psicológica, el niño aprende a ligar las sensaciones internas provocadas por niveles cambiantes de presión en la vejiga, con señales externas tales como el baño, la hora del recreo, etc.

En ocasiones, este tipo de problemas surgen cuando el niño ya controlaba los esfínteres, y por ello es importante tener en cuenta las situaciones vitales por las que está atravesando el niño y la madurez en el proceso de control. Es decir, un equilibrio pobre del control de esfínteres puede trastocarse cuando las presiones externas aumentan.

  • Ansiedad: miedos y fobias. El niño/a:
    • No quiere separarse de nosotros, ni quedarse con ningún amigo o familiar
    • No quiere relacionarse con otros niños
    • No quiere ir al colegio o a la escuela infantil
    • No quiere dormir sólo
    • Es muy miedoso

La ansiedad es una respuesta emocional que es natural y adaptativa en los niños, ya que les sirve para protegerse de los posibles peligros. De manera simultánea, el niño va sintiendo la necesidad de explorar y conocer el mundo. En función de las reacciones emocionales que tengan los padres ante la exploración el niño se sentirá más seguro o más inseguro.

El miedo se convierte en fobia cuando:

a) Es desproporcionado a las demandas de la situación o está relacionado con estímulos que no son objetivamente peligrosos.

b) Es irracional (no parece tener un correlato lógico).

c) No está sujeto a control voluntario.

d) No corresponde a la edad o estadio evolutivo.

e) La reacción de temor persiste durante largos períodos de tiempo (6 meses como mínimo).

Cuando este miedo comienza a interferir en la rutina del niño, es importante trabajar sobre él, dotándole al niño de estrategias para enfrentarse, así como pautas a la familia que favorezcan que la confianza y seguridad del niño aumenten.

  • Hiperactividad, impulsividad y problemas de conducta. El niño/a:
    • No para de moverse
    • Hace las cosas sin pensar
    • No atiende a lo que le dicen los profesores
    • No escucha cuando se le habla
    • No sigue instrucciones
    • Cuando se enfada, agrede

boy-529065_960_720El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), está relacionado con la presencia de comportamientos en el niño relacionados con la inatención (se distrae, no escucha, parece que está en otro mundo), la impulsividad (hace las cosas sin pensar, comete siempre los mismos errores) y la hiperactividad (no aguanta sentado, corre, se mueve sin parar).

Estas  características suelen ser incompatibles con un buen rendimiento escolar. El rendimiento escolar es la primera prueba de valía personal que experimenta el niño; no es extraño comprobar cómo a medida que avanzan los años, los niños que no han contado con la intervención adecuada, no sólo acentúan su sintomatología inicial, sino que, además existe inadaptación escolar, problemas de conducta, autoimagen negativa y en algunos casos hasta síntomas depresivos.

Los problemas derivados de la hiperactividad infantil son tanto más fáciles de encauzar cuanto más pronto se inicia la intervención psicológica y familiar. Uno de los factores de mejor pronóstico de la hiperactividad infantil es la detección precoz y la intervención temprana.

  • Problemas de adaptación escolar y de aprendizaje. El niño/a:
    • Suspende todo
    • No presenta las tareas y no quiere hacer los deberes
    • Suele esconder la agenda o los deberes escolares
    • No quiere estudiar, ni ir al colegio

En algunas ocasiones los niños pueden sufrir problemas importantes de adaptación escolar asociados a problemas de aprendizaje, que pueden tener repercusiones importantes en las áreas sociales y emocionales del niño.

Es importante realizar una adecuada evaluación psicológica para discriminar de manera satisfactoria, si existen dificultades de aprendizaje asociadas al bajo rendimiento académico, tales como la dislexia, o el TDAH o si el motivo de tal rendimiento son problemas emocionales relacionados con el área social o personal del niño; tales como la tolerancia a la frustración o el aprendizaje de normas.

Una vez identificado el origen es importante trabajar con las personas que participan en la vida del niño, así como adaptar los materiales a las dificultades específicas para mejorar la sensación de competencia del niño y por tanto su valoración personal.

Adolescencia Leer +

La adolescencia es la etapa evolutiva a lo largo de la cual el individuo se prepara para convertirse en adulto. Conlleva multitud de cambios físicos, sociales  y psicológicos siendo los más relevantes el progresivo distanciamiento de la familia nuclear y la creciente importancia de las relaciones con los iguales. Esta etapa suele implicar momentos de conflicto entre el adolescente y los progenitores, o entre el adolescente y sus iguales, lo cual debe considerarse normal. Sin embargo, cuando el nivel de conflicto o las dificultades superan la capacidad de afrontamiento del adolescente y/o de la familia, es recomendable solicitar apoyo a profesionales.

Algunas de las dificultades más comunes que pueden darse a lo largo de la adolescencia son:

Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA/TDAH)

  • No se concentra
  • No quiere estudiar
  • No estudia
  • Se aburre en clase
  • Saca malas notas, estudia pero no aprueba

A pesar de que el Trastorno por déficit de atención es conocido, muy estudiado  en los niños hoy día, en ocasiones no se detecta en la infancia o no se aborda adecuadamente. Los adolescentes que tienen TDA o TDAH suelen tener dificultades en la adquisición de conceptos, se distraen fácilmente, cometen errores en las tareas y tienen problemas para organizarse en distintas áreas de su vida. En muchas ocasiones es necesario y se prescribe un tratamiento farmacológico, sin embargo, es muy recomendable llevar a cabo una intervención psicológica, de corte cognitivo-conductual, con el objetivo de dotar a estos pacientes de recursos y técnicas para minimizar las dificultades previamente citadas.

Conducta perturbadora

  • Se porta mal
  • Pega
  • Insulta a los iguales
  • Insulta a los adultos
  • Odia, miente
  • No quiere, no respeta a los adultos (o no respeta a nadie)

La conducta perturbadora se caracteriza principalmente por una violación de los derechos de otras personas, que pueden ser familiares, iguales, profesores u otras figuras de autoridad. Se puede dar en distintos contextos y puede generar desadaptación social y familiar del menor. En estos casos, es importante que se acuda a un profesional lo antes posible, ya que generalmente las conductas de carácter perturbador suelen ir aumentando si no se le ofrece ayuda a la persona afectada.

Trastornos de ansiedad

  • Tiene miedos
  • Está muy nervioso
  • No quiere ir al colegio ni quiere estudiar
  • Se pone nervioso al hablar
  • Se pone nervioso por todo
  • Está encerrado en su cuarto todo el día
  • Tiene ansiedad

Cuando hablamos de trastornos de ansiedad, nos referimos a un amplio abanico de trastornos o dificultades que tienen en común un factor: la sensación de nerviosismo, malestar, inquietud, miedo, y preocupación que llamamos ansiedad. La ansiedad puede aparecer en diversas situaciones y contextos y ante distintos estímulos (agorafobia, fobias, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, problemas con su identidad etc.) y en todos los casos provoca un gran malestar en la persona que la padece, pudiendo llegar a ser muy limitante en la vida diaria.

La ansiedad suele estar unida a la depresión y muchas veces se dan síntomas depresivos que acompañan a los estados de angustia y nerviosismo. En algunas ocasiones puede ser necesario consultar con el médico y el uso de fármacos, si bien es imprescindible la intervención psicológica con el objetivo de lograr disminuir el malestar, restablecer los hábitos de vida y aprender a detectar y afrontar las situaciones o estímulos que provocan ansiedad con las técnicas psicológicas idóneas.

Adicciones

  • Abusa del alcohol
  • Fuma porros
  • Fuma cannabis
  • Consume drogas
  • Es adicto al móvil
  • Es adicto a los videojuegos
  • Hace un mal uso de las RRSS

A lo largo de la adolescencia es habitual que los menores exploren y busquen sensaciones, sin valorar los riesgos a corto, medio y largo plazo, poniéndose en riesgo en bastantes ocasiones. Por este motivo, entre otros, la adolescencia es una etapa especialmente sensible en cuanto al desarrollo de adicciones, tanto químicas (alcohol, tabaco, cannabis, etc.) como conductuales (videojuegos, teléfono móvil, etc.).

El abordaje desde el plano psicológico es esencial en estos casos, puesto que no sólo se trata de suprimir la adicción, sino de ayudar al paciente a reorganizar su vida, a explorar alternativas saludables, a minimizar las recaídas en frecuencia, duración e intensidad, y a detectar las señales de riesgo y gestionar la situación adecuadamente.

Trastornos del estado de ánimo

  • Está triste y apático
  • Está siempre enfadado e irritable
  • Está muy cansado sin motivo aparente
  • No sale de casa
  • Se enfada por todo
  • Está triste, enfadado, deprimido y con cambios en el estado de ánimo

Una de las características de la adolescencia es la labilidad emocional, es decir, los frecuentes cambios de humor y las reacciones emocionales excesivas, lo cual puede generar incertidumbre o preocupación en los progenitores, pero no se debe considerar un síntoma de trastorno. Sin embargo, cuando esta labilidad es excesiva en comparación con su grupo de iguales, es recomendable la evaluación psicológica.

Los trastornos del estado de ánimo se refieren al estado afectivo alterado, ya sea de carácter depresivo, maniaco o hipomaniaco, o bipolar. Pueden ser de corta duración, a los cuales nos referimos como episodios, o de larga duración, considerados trastornos. Pueden afectar a las relaciones sociales y familiares, al sueño, al desempeño académico o laboral y a la alimentación, entre otras.

Cuando detectamos un problema o anomalía en el estado de ánimo, es necesario determinar las causas y los factores de riesgo, evaluar la gravedad y llevar a cabo un plan individualizado de tratamiento para lograr que los pacientes puedan normalizar su vida.

Trastornos de alimentación

  • No come
  • Vomita y a veces se da atracones
  • Ha adelgazado mucho en poco tiempo
  • Hace excesivo ejercicio

Estos trastornos suponen alteraciones en la alimentación de las personas que los padecen, como por ejemplo restricciones, ayuno, ejercicio excesivo, vómitos, uso de laxantes o diuréticos, atracones, etc. Suelen comenzar a lo largo de la pre-adolescencia y la adolescencia, ya que es una etapa delicada a lo largo de la cual se producen muchos cambios físicos en un breve periodo de tiempo, la apariencia física toma especial importancia y los adolescentes se comparan entre ellos y con los ideales de belleza poco realistas de nuestra sociedad. Los trastornos de alimentación que se dan con mayor frecuencia son la anorexia, caracterizada por un peso por debajo de lo normal o infrapeso, y la bulimia, la cual no conlleva necesariamente un descenso del peso corporal e incluso las personas que la padecen pueden tener sobrepeso.

De cada diez jóvenes que padecen algún trastorno de alimentación, nueve aproximadamente son mujeres. Debido a esta proporción, en muchas ocasiones los varones que padecen trastornos de alimentación quedan desatendidos, al pensar en su entorno que estos trastornos afectan exclusivamente a mujeres.

Los trastornos de alimentación interfieren en la vida de las personas que los padecen, pudiendo incidir en sus relaciones sociales y familiares, su desempeño académico o laboral, y por supuesto, en su estado de salud física.

Las personas que padecen estos trastornos suelen negarlo y esconderlo con gran habilidad, especialmente los adolescentes. Por este motivo es importante acudir a un profesional cuando se detecta algún síntoma, puesto que cuanto más se instaura el problema, mayor probabilidad de que el trastorno se cronifique.

Adultos Leer +

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Las personas no se conforman con solucionar sus problemas clásicos (como la ansiedad y depresión u otros problemas vitales y todos los tipos de patologías), sino que también aspiran a vivir mejor. El confort psicológico hoy día es un derecho al que todos aspiramos, eso hace que los psicólogos ayudemos a solucionar problemas, que antes se admitían con ánimo determinista.

Los psicólogos acompañamos y ayudamos a llevar bien todos estos procesos, que aun siendo ya normales, pueden dar lugar a desajustes importantes en las personas.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Al igual que ocurre con la tristeza, la ansiedad es una emoción con una función en nuestra especie: la de ponernos en alerta ante una situación de peligro. La ansiedad se convierte en problemática cuando aparece en una situación que no es peligrosa realmente y nosotros reaccionamos ante ella evitándola (o evitando las situaciones que nos lleva a ella) o luchando en contra, comenzando así una batalla infructuosa que nos llevará a tener cada vez más limitaciones en nuestra vida diaria.

La ansiedad se manifiesta con algunos de los siguientes síntomas:

  • Inquietud
  • Agitación
  • Temblor
  • Taquicardia
  • Sensación de ahogo a falta de aire
  • Sensación de mareo
  • Sudoración
  • Sequedad de boca
  • Nauseas o vómitos
  • Sensación de “nudo” en el estómago
  • Tensión muscular
  • Hormigueo
  • Dificultades de concentración, atención y memoria

Si no gestionamos nuestra ansiedad adecuadamente, puede dar lugar a los siguientes trastornos psicológicos:

Fobia específica: se da cuando aparece un miedo no funcional ante determinados estímulos que no son peligrosos; por ejemplo: miedo al ascensor, a volar, al metro, a la sangre, a ciertos animales (perros, palomas, serpientes,…).

Fobia social: la persona siente una intensa ansiedad ante las situaciones en las que se ha de relacionar socialmente, de manera que, en muchas ocasiones, evita las mismas para no sentir dicha emoción. Se intensifica en aquellos contextos en los que se siente evaluado por los otros.

Ataques de ansiedad o Trastorno de pánico: se caracteriza por producirse una ansiedad intensa y porque la persona hace una interpretación catastrofista de los síntomas debido a la misma (cree que le está dando un ataque al corazón, o que se está asfixiando, o que se va a morir, o que se va a volver loco, o que va a hacer algo que escapa a su control como salir corriendo o gritar,…).

  • Con agorafobia: la persona tiene miedo a tener un ataque de pánico en un lugar de difícil acceso a la ayuda necesaria, por lo que empieza a evitar ciertas situaciones tales como aglomeraciones (o de manera más sutil, por ejemplo, si van al cine, se sientan en los lugares más cercanos a la salida) o a alejarse de una zona que él considere segura.

Trastorno obsesivo compulsivo: ocurre cuando se tienen ideas intrusivas desagradables que la persona intenta evitar realizando ciertos rituales para “neutralizarlas” o evitaciones para que no ocurra lo que teme. Pueden ser de diversas temáticas: limpieza, orden, contagio de enfermedades, daño a otros o a sí mismo, religiosas,…

Hipocondría: preocupación por tener una o varias enfermedades. Se tiene un miedo intenso a padecer una enfermedad grave por lo que la persona o bien evita cualquier estímulo relacionado con la enfermedad (ej. No habla de enfermedades, o no va al médico cuando es necesario, no ve películas o lee libros en las que aparezca la enfermedad temida,…), o bien realiza comprobaciones constantes de posibles síntomas (ej. Mirar reiteradamente un lunar que cree sospechoso, consultar a médicos sobre lo que le ocurre, preguntar a los demás buscando que le tranquilicen, buscar por internet información sobre la enfermedad,…), o bien lleva a cabo estrategias tanto de evitación como de comprobación.

Ansiedad generalizada: la persona manifiesta preocupaciones excesivas y constantes por situaciones variadas de la vida cotidiana, impidiendo su funcionamiento normal. En general, este tipo de preocupaciones se dan “desde siempre”, es decir, la persona tiene la sensación de que han estado presentes toda su vida.

El tratamiento de la ansiedad no tiene como objetivo que la misma desaparezca, ya que ésta es necesaria para nuestra vida. Lo que se pretende, es enseñar estrategias para una buena gestión, que pasan por la aceptación de la misma, así como por intentar reducir las limitaciones que ocurren en nuestra vida por un manejo inadecuado.

PROBLEMAS DE PAREJA

Dificultades de pareja:

hands-437968_960_720Las dificultades de pareja se caracterizan por ser conflictos que suelen provocar insatisfacción en uno o ambos miembros de la misma, pudiendo generalizarse este malestar a otras áreas de la vida de las personas. Pueden ser dificultades en la convivencia, problemas en la comunicación, disminución de actividades gratificantes en pareja, celos, infidelidad, etc.

Dentro de los problemas de pareja también podemos incluir aquellos consecuentes a situaciones de divorcio y separaciones: en ocasiones, y teniendo en cuenta la intensidad emocional de la situación, alguno de los miembros de la pareja puede sentirse desbordado y con manifestaciones de soledad, desesperanza o sensación de vacío. Aquí se incluye también el apoyo para afrontar procesos de custodia compartida, cómo informar a los hijos, pautas educativas ante la nueva situación, etc.

La llamada terapia de pareja ofrece ayuda a miembros de parejas insatisfechos con su relación y, como en otras intervenciones, las primeras sesiones se dedican al establecimiento de una adecuada alianza con los miembros, evaluación de la motivación y expectativas, así como del motivo de consulta. Durante la intervención se proponen alternativas de solución para resolver, de la mejor manera, la problemática específica.

Una de las demandas principales de las parejas que acuden a consulta se refiere al modo en que se comunican. En tales casos, se pretende que las personas aprendan a comprender al otro y a “hablar su mismo idioma”; para ello, se llevan a cabo entrenamientos en habilidades de comunicación.

En cuanto al formato de las sesiones, a veces estarán presentes ambos miembros de la pareja (sobre todo para evaluar la interacción entre los dos) y, otras veces, puede que se lleven a cabo sesiones individuales. Hay casos en los que uno de los miembros no quiere acudir a terapia, pudiéndose intervenir desde la persona que sí tiene la motivación para ello.

Dificultades sexuales:

frogsLas dificultades sexuales son aquellas que aparecen antes, durante o después de los encuentros eróticos. Aquí se incluyen la dificultad para llegar al orgasmo (anorgasmia), el vaginismo (la imposibilidad de la mujer para iniciar y mantener el coito), el dolor en la penetración vaginal (dispareunia), la insatisfacción sexual (dificultad para tener placer en los encuentros eróticos), dificultades de deseo (falta de deseo sexual), dificultades de erección (disfunción eréctil), insatisfacción con el momento de la eyaculación (eyaculación precoz o eyaculación retardada), dificultades  relacionadas con abusos sexuales o de pareja, dificultades para aceptar la orientación del deseo (homosexualidad, bisexualidad…), dudas con respecto a la identidad sexual (transexualidad), duelo en la pareja (ruptura o fallecimiento), dificultades en la gestión de deseos eróticos infrecuentes o poco aceptados socialmente (las denominadas “parafilias”) etc.

En los casos anteriormente comentados, el terapeuta mantiene una especial sensibilidad ya que se considera que hablar e intervenir en la sexualidad de las personas resulta algo muy íntimo. En todo momento se adecúa el ritmo al del cliente y se ponen a su  servicio conocimientos específicos sobre el tema.

La atención a las  dificultades eróticas o sexuales se vertebra en la denominada “sexología sustantiva”, disciplina que estudia los sexos (hombre y mujer) y sus diferencias e interacciones. Con tal modelo, junto con el sistémico y cognitivo-conductual, entre otros, se favorece la eficacia de las intervenciones.

Dependencia emocional y relaciones abusivas o de maltrato:

Algunas personas requieren atención psicológica por el modo en que se vinculan a otros. En tales casos pueden establecerse relaciones abusivas o de maltrato por las relaciones de dependencia que se generan, temiendo el cliente el abandono. Siendo así, la persona suele abandonar las actividades que anteriormente desempeñaba y, progresivamente, reduce sus relaciones sociales.

En general, se siente una incapacidad para interrumpir la relación de dependencia y; el papel del psicólogo, en estos casos,  es orientar a la toma de decisiones para que elija la alternativa que favorezca su bienestar a largo plazo. Para lograr ese objetivo es necesario que la persona aumente su autoestima, gestione adecuadamente sus emociones y aprenda a comunicarse de forma asertiva. Tales cambios podrán ser logrados con la ayuda de un profesional de la Psicología.

En los casos de maltrato, además, el psicólogo valorará y aconsejará la necesidad de recurrir a medidas legales para garantizar la integridad de la persona, valorando en todo momento el riesgo en el que se encuentra.

 

PROBLEMAS DEL ESTADO DE ÁNIMO

Episodios depresivos

Los problemas del estado de ánimo suelen ser bastante frecuentes en la población general. Todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado una tristeza intensa en determinados momentos de nuestras vidas. Si no aprendemos a gestionar adecuadamente dicha tristeza, se puede generar un problema mucho mayor.

La tristeza, como toda emoción, tiene una función en nuestra vida diaria. En algunas ocasiones, nos ayuda a afrontar ciertas pérdidas o cambios. En otras, busca el apoyo social de nuestros más allegados. En otras ocasiones, puede ser la señal que nos avisa de que necesitamos poner soluciones a ciertas situaciones. El problema con la tristeza no es la propia tristeza, sino cómo gestionamos la misma. En muchas ocasiones, si no hacemos un buen manejo, ésta se puede intensificar e instalar en nuestras vidas, dando lugar a una serie de síntomas parecidos a los siguientes:

  • Sensación de intensa tristeza o vacío: tal y como hemos dicho es el síntoma principal.
  • Apatía: desgana, desmotivación. Cuesta un mayor esfuerzo realizar las actividades cotidianas.
  • Anhedonia: incapacidad para experimentar placer. Las cosas que antes nos gustaban, parece que pierden la gratificación que nos producían.
  • Cambios en el sueño: dificultades para dormir o sueño en exceso. En muchas ocasiones hay despertares tempranos sin poder volver a conciliar el sueño.
  • Cambios en la alimentación: disminución del apetito o comemos en exceso.
  • Menor interés en las relaciones sociales: por lo que se reducen o se evitan.
  • Sentimientos de culpa: están más presentes en su día a día.
  • Irritabilidad: nos molestamos con mayor facilidad y lo expresamos a los que nos rodean, lo que nos puede generar problemas con los más cercanos.
  • Llanto: se da con mayor frecuencia. En ocasiones, puede suceder que no podamos llorar, aunque sintamos muchos deseos de hacerlo.
  • Pensamientos negativos más frecuentes: sobre uno mismo (nos vemos incapaces de hacer las tareas cotidianas, nos infravaloramos, …), el funcionamiento del mundo (pensamientos negativos sobre los otros: “me van a dejar de querer”, “no les importo” y el futuro (“no hay salida”, “no voy a volver a ser el que era”).
  • Desesperanza: pensamientos de que no hay solución y de que la situación no va a mejorar.
  • Fatiga: la persona puede notar un intenso cansancio, lo que añade más dificultad en la realización de sus tareas diarias.
  • Agitación o enlentecimiento: a la hora de llevar a cabo las actividades cotidianas.
  • Pensamientos sobre la propia muerte o deseos de morirse: cuando tenemos bajo estado de ánimo pueden aparecer ideas sobre desaparecer (a veces no tiene por qué implicar deseos de muerte). Alrededor de un 90 % de la población lo ha podido experimentar alguna vez en su vida. Otras personas sí pueden llegar a desear la propia muerte e incluso puede ser que hayan fantaseado con la manera de hacerlo. En ocasiones se tiene incluso diseñado un plan concreto para ello. Es imprescindible pedir ayuda profesional cuando empezamos a tener este tipo de pensamientos y de deseos.

Los psicólogos podemos ayudar a las personas que están en una situación similar a la anterior a poder tener mayores recursos para afrontar la misma, para que ésta no se intensifique o se llegue a hacer crónica. Enseñamos estrategias para una buena gestión de la tristeza, y para que así no se produzcan problemas más graves. Es por ello que recomendamos que se pida ayuda profesional cuando sospechemos que estamos sufriendo una situación parecida a la descrita o que podemos llegar a padecerla. 

Trastorno Bipolar

Dentro de los problemas de estado de ánimo también se pueden dar este tipo de trastornos. Se caracterizan por tener episodios depresivos (como los descritos anteriormente) y episodios maníacos. Un episodio maníaco se da cuando la persona tiene un estado de ánimo elevado anormalmente, que se manifiesta con los siguientes síntomas:

  • Autoestima exagerada o grandiosidad: pensar que se pueden hacer o que se hacen cosas para lo que uno no está preparado ni formado.
  • Disminución de la necesidad de dormir: se sienten descansados tras dormir pocas horas (por ejemplo: 4 horas).
  • Verborrea: hablar más de lo habitual.
  • Fuga de ideas: la persona tiene la sensación de que el pensamiento está acelerado.
  • Distraibilidad: dificultad en concentrarse en una tarea concreta.
  • Aumento de la actividad intencionada: ya sea social, laboral, de ocio…
  • Implicación en actividades placenteras que tienen un alto potencial de producir consecuencias graves: compras, inversiones económicas altas y arriesgadas, relaciones sexuales promiscuas, aumento de la ingesta de alcohol, tabaco u otras drogas,…

El trastorno bipolar necesita atención profesional, por lo que es necesario que se busque ayuda psicológica y médica, en cuanto se sospeche que estos síntomas están haciendo aparición.

ADICCIONES

alambreMuchas veces los conflictos sobre drogas y otras adicciones, vienen mediados por la urgencia de la persona y/o los familiares que realizan la demanda; haciendo que, en un primer momento, hablar sobre el consumo y la dependencia lo ocupe todo.

La droga o la adicción está en primer plano, dejando poco o ningún espacio para las potencialidades de la persona y lo que se esconde detrás de esa conducta. Se demanda un cambio en el síntoma, que se suele colocar en la abstinencia del paciente, identificado por la familia.

Este tipo de cuestiones pueden tener asociados grandes problemas de salud y un gran sufrimiento para los familiares que están alrededor, más si cabe si es que la historia se repite y se siente esa frustración añadida por no poder prevenir una circunstancia que has vivido anteriormente.

No obstante, es importante poder diferenciar el consumo experimental propio de una etapa vital, de un consumo de riesgo, de forma que no se minimice ni amplifique un problema determinado. Para ello es importante poder ver más allá de la conducta en concreto y extraer significados personales o funciones, que está cumpliendo el consumo o la conducta adictiva.

Una vez erradicados los aspectos biológicos de una patología adictiva es necesario poder redefinir la conducta y tratar de que la persona pueda hallar el significado de la misma. En ocasiones enmascara otro tipo de problemas de tipo relacional/ emocional o incluso sirve para que la familia no aborde cierto tipo de cuestiones, al estar centrados en el peligro de la adicción.

Es importante prestar atención a este tipo de dinámicas y restablecer la confianza y erradicar comportamientos persecutorios y de control que frecuentemente se generan, para devolver lo relacional al plano de pareja, madre/padre, hijos o hermanos y no al de consumidor vs cuidador.

Desde Luria Psicologia abogamos por este tipo de enfoque integrador, donde se pueda ayudar a abandonar la conducta adictiva, yendo más allá de la misma, desactivando el poder de la sustancia y/o comportamiento adictivo. Además también interviniendo en los otros planos de disfunción que estén debajo de la conducta adictiva, para así prevenir un desplazamiento de la sintomatología a otro tipo de conductas dañinas para el individuo y el ambiente que lo rodea.

DUELO

candle-1216603_960_720Se denomina duelo al proceso que experimenta la persona para asimilar la nueva situación tras una pérdida, o ante una pérdida próxima. Dicha pérdida puede ser de varios tipos: el fallecimiento de una persona allegada, la pérdida de un puesto de trabajo, una ruptura de pareja, una ruptura con una amistad importante, una enfermedad que modifica la calidad de vida, etc.

Es un proceso natural donde en los momentos iniciales se considera normal que se pueden producir respuestas muy intensas y atípicas, como las siguientes:

  • Respuesta fisiológica: vacío en el estómago, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización: “nada parece real”, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca,…
  • Respuesta cognitiva: incredulidad, confusión, preocupación excesiva sobre el fallecido, sentido de presencia (notar al fallecido presente), alucinaciones,…
  • Respuesta motora: sueño alterado, soñar con el fallecido, trastornos alimentarios, conducta distraída, aislamiento social, evitación de lugares y situaciones que le recuerden al fallecido, buscar y llamar en voz alta, hiperactividad desasosegada, llorar, visitar lugares y llevar objetos que le recuerden, atesorar objetos del fallecido,…

Inicialmente, cuando nos comunican un fallecimiento o una mala noticia, lo habitual es que se dé tal impacto que genere una respuesta de incredulidad, incluso de negación “Esto no me puede ocurrir a mí”, “Seguro que ha sido un error”, “Se ha equivocado”,…

Poco a poco vamos asimilando la noticia y se empiezan a experimentar un torbellino de emociones mezcladas. Algunos autores proponen que en el proceso de duelo se dan una serie de fases donde, al principio predomina el enfado y la rabia, como respuesta a una situación que no queremos y contra la que nos rebelamos; y en momentos posteriores predomina la tristeza, siendo fundamental para asimilar la nueva situación.

Las circunstancias de la muerte o del cambio inesperado pueden incidir en su asimilación.

  • Circunstancias facilitadoras: que se comunique la mala noticia de forma adecuada, que se tenga información (por ejemplo: de la enfermedad) para poder ir asimilando la nueva situación, que se considere natural (fallecimiento de una persona muy mayor), que no se den circunstancias traumáticas, que la persona se haya podido despedir del fallecido, …
  • Circunstancias que dificultan: fallecimiento imprevisto (por accidente, en ausencia de enfermedad), muerte traumática (homicidio, suicidio, agresión, desaparición del cuerpo,…), fallecimiento de un hijo, falta de información sobre un diagnóstico fatal, comunicación inadecuada de la mala noticia.

La labor del psicólogo en estos casos consiste en acompañar a la persona en el proceso. Es imprescindible el papel de la escucha activa, validando la experiencia dolorosa de la persona, y creando un espacio de calidez que favorezca la expresión emocional en ausencia de juicio.

Worden propone una serie de tareas en la elaboración del duelo, que pueden resultar clarificadoras para avanzar en el proceso:

  1. Aceptar la realidad de la pérdida.
  2. Trabajar las emociones y el dolor.
  3. Prepararse para un medio en que el fallecido está ausente.
  4. Reubicar a la persona y seguir viviendo.

Cuando el proceso no se asimila de forma natural, pueden producirse varios perfiles de duelo complicado:

  • Duelo crónico.
  • Duelo retrasado.
  • Duelo exagerado.
  • Duelo enmascarado.

El psicólogo atenderá las necesidades específicas de cada persona, identificando los aspectos clave que están dificultando el proceso, para poder favorecer su asimilación.

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Cada vez son más comunes los problemas de la conducta alimentaria. Tener una buena relación con la comida, es fundamental para que no aparezcan dichas dificultades. Las exigencias de nuestra sociedad con respecto a nuestro físico, el efecto reforzante de la comida (tanto porque funciona como un relajante natural, como por el placer que generan), el acceso a comida rápida y altamente calórica,… son factores que ha incidido en que estos trastornos hayan aumentado en las últimas décadas.

Entre los trastornos de alimentación más conocidos podemos señalar:

Anorexia: en general suele darse lo siguiente:

  • una restricción alimentaria por lo que se produce una pérdida de peso considerable.
  • un miedo intenso a engordar, así que además de la restricción también puede cursar con otras conductas destinadas a la reducción de peso: ejercicio excesivo, vómitos, laxantes,…

Una alteración de la imagen corporal, la persona no se ve lo suficientemente delgada a pesar de que puede tener un peso por debajo del saludable.

Suelen entrar en una espiral de la que les cuesta salir por sí mismos. Es por esto que se recomienda una atención especializada (compuesta por un equipo de profesionales de diversa índole) para poder ayudarles a mejorar sus vidas.

Bulimia: se caracteriza por tener episodios de atracones (ingesta de comida altamente calórica en un espacio de tiempo reducido, con sensación de no control; generalmente se produce a solas) y conductas compensatorias destinadas a reducir las consecuencias del atracón, ya que también en este trastorno se da un intenso miedo a engordar. Estas conductas compensatorias pueden ser: provocación del vómito, uso de laxantes o diuréticos, ejercicio excesivo,…

En muchas ocasiones, la frecuencia, intensidad y duración de estos atracones van en aumento por lo que la ayuda de un profesional puede ser muy beneficiosa para poder enseñar estrategias de control adecuadas.

Trastorno por atracón: se dan episodios de atracones, pero no las conductas compensatorias. También está presente la sensación de falta de control.

Obesidad: En muchas ocasiones el exceso de peso está relacionado con malos hábitos alimenticios. La atención psicológica puede ser muy beneficiosa para generar nuevos hábitos más saludables, así como para establecer relaciones con la comida más sanas.

TRASTORNOS PSICOFISIOLÓGICOS Y DEL SUEÑO

Se trata de trastornos fisiológicos en los que factores psicológicos y sociales woman-918981_960_720inciden de forma sustancial en su génesis y desarrollo.

Son aquellos en los que un alto nivel de activación en el organismo, durante un periodo de tiempo prolongado, produce o agrava síntomas físicos que requieren atención médica.

Algunos ejemplos son:

  • Cutáneos: sudoración excesiva, urticaria, alopecia, dermatitis, …
  • Endocrinos: híper e hipo tiroidismo con síntomas psíquicos.
  • Músculo-esqueléticos: tortícolis, mialgias, contracturas, fibromialgia,…
  • Gastrointestinales: gastralgias, diarreas, úlcera péptica, colon irritable,…
  • Cardiovasculares: hipertensión arterial,
  • Alteraciones en el funcionamiento del sistema inmune, …
  • Alteraciones del sueño: insomnio, hipersomnia, sonambulismo, síndrome de piernas inquietas,…

Es importante saber que en este tipo de enfermedades inciden los siguientes factores:

  1. Factores hereditarios que influyen en la vulnerabilidad biológica.
  2. Exposición prolongada a estresores donde tiene una importancia fundamental el estilo de vida, las demandas del entorno, eventos vitales estresantes, …
  3. Déficit en las habilidades de gestión emocional que dificultan que el organismo disponga de momentos de reposo y baja activación.

Es importante señalar que, únicamente los factores hereditarios, no determinan el desarrollo de este tipo de patologías.

Es prioritario promover un estilo de vida saludable con hábitos adecuados en entornos adecuados, y facilitar pautas de gestión emocional que nos permitan regular el exceso de activación.

La atención psicológica, tras una evaluación individualizada, ofrecerá una serie de pautas que permitan un funcionamiento más efectivo y sano, potenciando un afrontamiento eficaz con un coste fisiológico más reducido.

Familia Leer +

A lo largo de la historia de cualquier familia, aparecen una serie de ciclos evolutivos naturales que generan una serie de crisis necesarias para reajustarse a la nueva realidad familiar:

  • Emancipación de la familia de origen.
  • Nacimiento de los hijos.
  • Adolescencia de los hijos.
  • Adultez e independencia de los hijos.
  • Ancianidad y cuidado de los padres.

Además de estos ciclos evolutivos naturales, pueden aparecer una serie de contratiempos inesperados, que pueden influir en nuevas crisis:

  • Pérdida de seres queridos.
  • Pérdida de trabajo.
  • Separaciones o divorcios.
  • Enfermedades físicas y/o mentales de alguno de los miembros de la familia.
  • Mudanzas: cambio del entorno laboral o académico.
  • Migraciones de un país a otro.

En estas crisis, suelen aparecer conflictos más o menos duraderos, que pueden requerir de una atención profesional por la gravedad y las consecuencias que se pueden derivar de estas desavenencias. Estos conflictos comprometen la estabilidad en la familia, pero también fomentan el crecimiento de cada uno de los miembros de la familia y de ésta en su conjunto. A continuación se explican las principales variables que influyen en los conflictos familiares:

  • Falta de acuerdo sobre normas, roles y toma de decisiones

Para lograr un equilibrio en la familia, tienen que haber una serie de normas, límites y roles, encaminados a tomar decisiones en las diversas tareas cotidianas: tareas de la casa, gestión de la economía familiar, responsabilidades en el cuidado de los niños… Los principales conflictos en este punto son:

a) Polarización de las posturas en cada miembro de la pareja: ambos miembros de la pareja tienen distintos estilos, donde si no hay un consenso, se tenderá hacia posturas más alejadas, sin que ninguna de las partes quieran ceder.

b) Excesiva rigidez o permisividad: Gestión de normas muy estrictas o permisivas, querer tener razón siempre coartando libertades de los otros miembros de la familia.

c) Estilos excesivamente sobreprotectores de los padres o poco implicados en el cuidado de la familia.

d) Dificultades para conciliar la relación de pareja de la relación como padres.

  • Fallos en la comunicación

La comunicación es el intercambio de información entre un emisor (el que transmite el mensaje) y un receptor (el que lo recibe). A menudo, cuando queremos transmitir una información tenemos claro en nuestra mente que queremos transmitir, sin embargo, es muy diferente lo que queremos transmitir de lo que transmitimos realmente y más aún teniendo en cuenta que delante tenemos a un receptor que se va a quedar con la información que le resulte relevante, de ahí que se produzcan una serie de errores o sesgos a la hora de comunicarse.

Estos fallos en la comunicación, suelen tener su máxima expresión en la familia, donde cada uno de los miembros manifiesta una serie de inquietudes, temores, aspiraciones o esperanzas, y estilos de comunicación desencadenando una serie de problemas que serían los siguientes:

a) Problemas en la comunicación ante un mal comportamiento: Criterios y métodos para implantar disciplina, exigencias paternas, rebeldía de los hijos, falta de autoridad de los padres…

b) Dificultad para expresión e intercambio de emociones o necesidades. La familia es el entorno primario en que las personas crecen y adquieren sus valores  su identidad y muchas veces en ese contexto precisamente es donde las relaciones afectivas o son deficitarias o son inadecuadas produciendo hostilidad o sobreprotección.

c) Comunicación centrada en la coerción (decir lo que hacen mal) y no en el refuerzo (lo que hacen bien). El estilo coercitivo suele estar producido por la falta de flexibilidad y el poco respeto entre los miembros de la familia.

d) Discusión como fuente relacional. Aprendemos a comunicarnos solamente desde la discusión o bien, precisamente como temor a una discusión, se evita comunicar.

e) Faltas de respeto a hermanos, padres, hijos… que tienen su origen en la rivalidad, los celos, la sobreprotección, la idealización, el menosprecio, las alianzas con los padres…

  • Dificultad para manifestar el afecto y controlar las emociones

Las relaciones afectivas no siempre están adecuadamente establecidas por lo que se pueden generar escaladas de violencia pudiendo llegar a constituir un entorno que
invalida  y maltrata a  sus miembros.

La educación sentimental, juntamente con el concepto de límites y respeto, es uno de los asuntos más perentorios hoy día en la terapia familiar.

Problemas específicos en la familia de hoy

La sociedad actual se caracteriza por dar lugar a diversos tipos de familia, aparte de la familia tradicional y esto obliga a que los profesionales de la psicología, estemos preparados para poder ayudar a solucionar los conflictos de ajuste e integración, que se suelen producir en cada caso:

  • El divorcio y los problemas de guarda y custodia.
  • Familias con hijos adoptados.
  • Familias mono parentales.
  • Familias homo parentales.
  • Problemas de fertilidad.
  • Familias reconstruidas.

No suelen ser problemas diferentes a los de las familias tradicionales (problemas de comunicación, conflicto de normas, establecimiento de límites y relaciones de afecto), pero las variables sociológicas implicadas en cada caso suelen hacer más complicada la intervención psicológica y por ello es preciso conocer las circunstancias especiales y las formas de vida particulares. Para que la intervención sea eficaz.

Mayores Leer +

Esta etapa de la vida tiene su propio contexto social que enmarca los problemas propios de la edad. Las parejas se rompen con más facilidad, y el cuidado del cuerpo y el ocio, también son un bien de consumo. Las personas viven más y quieren vivir mejor. La vida se alarga  y las personas mayores, cada vez acuden más al psicólogo para solucionar problemas que antes eran privativos de los adultos solamente. Son más protagonistas de sus vidas y suelen seguir implicados en la vida de los hijos hasta más tarde, para cubrir necesidades perentorias, esto puede aumentar el estrés y la ansiedad.

Por muy mayores que sean las personas, el apoyo psicológico puede ser de gran ayuda para su confort vital.

En la sociedad del bienestar y la juventud aceptar el paso de los años y nuestra llegada a la vejez puede ser un proceso complicado de llevar a cabo. Implica adaptarse a una serie de cambios:

  • En el ámbito laboral, se da el paso de la vida activa a la jubilación.
  • El área social también sufre cambios: se reduce el tiempo que compartimos con antiguos compañeros de trabajo con los que hasta ahora se han pasado muchas horas diarias (a algunos de ellos incluso se dejará de verlos), y se incrementa el tiempo disponible para las relaciones sociales con personas de otros ámbitos de nuestra vida.
  • Del mismo modo, se puede producir un considerable incremento del tiempo libre no siempre dedicado al ocio y las actividades placenteras.
  • En el ámbito familiar, es habitual que los hijos tengan poca ayuda para la crianza de los nietos en muchas ocasiones hay que colaborar en el cuidado de los mismos y a veces también  de los más ancianos de la familia, ya que la esperanza de vida larga hace que convivan tres y cuatro generaciones juntas  o cercanas.
  • En el ámbito de la pareja, el cese de la vida laboral implica un aumento del tiempo que se pasa juntos, y una redistribución de las tareas domésticas.
  • En ocasiones se dan también procesos de ruptura de la pareja tras años de convivencia. Ya que hoy se considera el divorcio tanto un fracaso como un derecho
  • El fallecimiento de personas cercanas (amigos, pareja, familiares…) es mucho más frecuente en esta edad, lo que puede  llevar a vivir una sucesión de duelos y a hacer a las personas  más conscientes de su propio proceso vital.
  • A ello se le pueden unir cambios tanto orgánicos (por ejemplo: pérdidas de audición, de visión, limitaciones de movilidad…) como cognitivos (suele haber más despistes y fallos de memoria, y les puede costar más orientarse  en sitios desconocidos…) llegando incluso a aparecer y/o agravarse enfermedades crónicas como artritis reumatoide, patologías cardíacas, dificultades respiratorias…

Se estima que estos cambios tienen un impacto sobre la salud mental de entre un 40 y un 45% de los mayores de 60 años: ansiedad, depresión, estrés, duelos patológicos, dificultades sexuales, trastornos del sueño…

¿En qué me puede ayudar el psicólogo ante todos estos cambios?

Al igual que en las etapas vitales anteriores, el psicólogo puede ayudar a gestionar los comportamientos de manera que la calidad de vida sea mayor.

En concreto, a las personas mayores les puede ayudar:

  • A gestionar las emociones que los cambios les despiertan: miedo, incertidumbre, alegría…
  • A aceptar los deterioros que se experimentan  y aprender a vivir con ellos.
  • A retomar contactos perdidos o abandonados, y también a ampliar su círculo social conociendo nuevas personas.
  • A relacionarse con los  hijos de manera diferente.
  • A aprender a cuidarse mientras cuidan  a los demás
  • A pensar qué hacer en su  tiempo libre, orientarse en la búsqueda de grupos y lugares donde practicar mis hobbies…
  • Dándoles estrategias y habilidades para gestionar los conflictos que se pueden generar.
  • A adaptar su vida afectiva y sexual a los cambios físicos fisiológicos  y psicológicos que se están produciendo.
  • A disfrutar manteniendo un estilo de vida activo a pesar de las pérdidas que van sufriendo.

¿Cómo me puede ayudar a conseguirlo?

Tras un análisis individualizado de qué cosas son las que me resultan más sencillas y cuáles más complicadas, se plantean objetivos de cambio y se valora conjuntamente la mejor manera de conseguirlo.

Se puede trabajar de forma individual, en pareja, en familia o incluso en grupos, dependiendo de cuáles sean los objetivos marcados.

Psicología del bienestar y preventiva Leer +

La tarea preventiva es uno de los logros de esta época, ya que cada vez se gestionan mejor las variables protectoras. Los psicólogos tenemos un papel importante en elaborar programas de prevención en salud mental y en bienestar psicológico.

Cada vez es más frecuente que las personas acudan a terapia cuando no presentan síntomas que se puedan considerar patológicos. Entonces, ¿qué demanda tienen? ¿Qué necesidad plantean?

La respuesta quizá sea, que estén expresando una característica típicamente humana, que es la tendencia al crecimiento. Es decir, la necesidad de avanzar en la autorrealización personal.

La atención psicológica ofrece respuestas útiles para enriquecer las habilidades de las personas y así abordar sus retos cotidianos, y potenciar su propio crecimiento. Promover y potenciar hábitos saludables y unas buenas habilidades de autogestión es una labor fundamental para prevenir futuras patologías psicológicas.

La palabra bienestar es fácil asociarla a la realización de actividades gratificantes y a estados de relajación, y puede ser interpretada como un antídoto frente al malestar que experimentamos ante situaciones sobrevenidas.

Entonces, ¿qué hacemos cuando experimentamos malestar por algún acontecimiento sobrevenido, una enfermedad, un despido repentino? ¿En qué puede consistir poner en marcha recursos para potenciar nuestro bienestar psicológico?

En consulta se observa que una de las dificultades frecuentes es precisamente que nos cuesta tolerar el malestar, cuando es una manifestación en muchas ocasiones natural y sana de experimentar el impacto que produce en nosotros, alguna situación adversa.

El planteamiento que se propone para potenciar nuestro bienestar ligado al crecimiento, no está tan encaminado a reducirlo siempre, y potenciar aquellas actividades o recursos que nos resultan agradables.

La propuesta que hacemos se orienta más a acompañar a la persona para que pueda ir avanzando en su proyecto vital acorde a sus valores, aunque esto suponga con frecuencia gestionar emociones y sentimientos que pueden resultar desagradables. 

Por tanto,

Si experimentamos miedo y/o ansiedad, es importante aceptarlo y aprender a gestionarlo para que no dejemos de realizar aquello que elegimos hacer y es importante para nosotros en nuestro proyecto de vida.

Se trata de un camino de aprendizaje en el que la persona crece abordando las situaciones de cada día, afrontando experiencias que pueden estar asociadas a situaciones desagradables. De esta forma, cada vez se siente con más fortaleza personal y con más confianza en sus propios recursos.

El resultado de este aprendizaje vital, produce un aumento del bienestar subjetivo a pesar de las dificultades, que es el que constituye un auténtico crecimiento.

Dentro de este enfoque, hay dos elementos que nos ofrecen recursos muy útiles, que son la inteligencia emocional y el mindfulness o atención plena.

La inteligencia emocional se basa en considerar que las emociones son parte importante de nuestra experiencia. Está ampliamente demostrado que tienen una función adaptativa. Nos sirven para mejorar nuestra propia adaptación al entorno y son importantes tanto las emociones agradables, como las desagradables. La clave está en aprender a gestionarlas de forma adecuada tanto en la relación que establecemos con nosotros mismos, como en las relaciones con los demás.

El mindfulness o atención plena tiene su origen en técnicas meditativas orientales y consiste en la capacidad de saborear el momento presente con plenitud. Disfrutar de cada instante con nuestra atención plenamente centrada en aquello que estamos haciendo o estamos contemplando. Aporta numerosos beneficios para la salud física y psicológica. Nos ayuda a regular estados de activación, reduce la impulsividad, propicia estados reflexivos, mejora el funcionamiento de nuestra actividad mental, etc. Además, favorece la aceptación de estados y situaciones que nos resultan desagradables por distintas razones.

Supervisión de casos Leer +

Programa de ayuda a otros profesionales en su práctica de terapia, en formato individual o grupal.

La Unidad de Clínica colabora en el desarrollo profesional de los psicólogos clínicos y sanitarios, a través del servicio de Supervisión de Casos.

  • Modalidades:

Presencial (individual o en grupo de tres-cuatro personas).

Vía Internet por SKYPE.

  • Información de precios llamando al 91 310 14 55