Duelo sin presencia

La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más duras que las personas podemos experimentar y a la vez, es una situación que es muy probable que vivamos a lo largo de la vida.

Las emociones tienen un papel fundamental en este momento puesto que su función es facilitar la asimilación de la nueva situación. Para ello se necesita entrar en contacto con la experiencia emocional, y hacerlo al ritmo que cada uno precise para poder “digerir” poco a poco la pérdida.

Hay algunas circunstancias que pueden agudizar este malestar emocional relativas a las circunstancias de la muerte. El tener la imposibilidad de acompañar al familiar o a la persona allegada en ese momento, o no poder despedirse de forma adecuada, son aspectos que pueden dificultar aún más esta experiencia tan dolorosa.

En el estado de alarma en que nos encontramos, con la situación sanitaria actual, muchas personas se van a ver abocadas a vivir la pérdida de un ser querido en estas condiciones, lo que puede añadir más carga a esta dura situación.

Si te encuentras en esta circunstancia, te facilitamos información y algunas pautas, con el objetivo de poder ofrecerte apoyo en este delicado momento.

ES IMPORTANTE QUE TENGAS EN CUENTA QUE:

  • Suele darse una respuesta de shock inicial y negación de lo ocurrido: “Esto no puede estar pasando”, “se han equivocado”, …
  • Es habitual y se considera normal que se experimente cualquier tipo de respuesta emocional. Algunas de las más frecuentes son:
    • La rabia, el enfado y sentimientos derivados como la injusticia o la frustración, que expresan la respuesta natural de rebelarse ante una situación no deseada.
    • El miedo, la ansiedad, la incertidumbre, suelen estar muy presentes. Al vivir la muerte de cerca, se es más consciente de esta realidad. Además, en esta situación de alarma, es más probable que repunten los miedos acerca de los riesgos asociados a la pérdida de la salud.
    • La tristeza, la pena, la desesperanza y la añoranza, irán surgiendo. A medida que se toma conciencia del fallecimiento y de sus consecuencias en la vida real, surgirán este tipo de experiencias que indican que se echa de menos a alguien valioso, que ya no se encuentra entre nosotros.
    • Además, puede que se revisen experiencias compartidas y que aparezcan otro tipo de sentimientos como la culpa, el abandono, la soledad, o el resentimiento entre otros.
  • Es habitual y se considera no patológico tener el sentido de presencia de la persona fallecida, incluso que parezca verla, oírla, y notarla en algún momento.
  • También es frecuente dormir mal, que se altere la alimentación y tener sensaciones físicas de malestar, agitación y nerviosismo como palpitaciones, presión en el pecho, respiración alterada, etc.

QUEREMOS QUE SEPAS QUE SON RESPUESTAS NATURALES Y ESPERABLES EN ESTE MOMENTO.

Esto ocurre porque nuestro sistema defensivo se pone en marcha, al no poder asimilar de golpe el fallecimiento. Si se identifican estos síntomas, es importante entender lo que está pasando y normalizarlo para sobrellevarlo mejor.

Como hemos mencionado antes, estas situaciones requieren un tiempo de adaptación. Es decir, no se puede asimilarlo de forma inmediata.

ALGUNAS PAUTAS RECOMENDADAS SON:

  • Es momento de vivir respuestas emocionales intensas. Entrar en contacto con la experiencia emocional es necesario para poder procesar lo que está pasando. Pero hay que tener en cuenta que tampoco sería adecuado forzarlo.
  • Es importante concederse espacios para dar salida y expresar el malestar emocional, entendiendo que se necesita tiempo. Se trata de ir ganando tolerancia poco a poco. A veces la persona necesita llorar y sin embargo no puede. En estos casos nos lo puede facilitar ver alguna foto, o tener cerca algún objetivo significativo vinculado a la persona fallecida.
  • Es natural que nos desbordemos en algún momento. En este caso es necesario darse una tregua. El sistema de defensa no es capaz de asimilar todo de golpe. Es preciso buscar alivio o descanso, realizando alguna tarea, o buscando consuelo en otras personas. Vendrá bien cualquier actividad sana, que ayude a sentirse reconfortado: escuchar música, tomar un baño relajante, salir a caminar, …
  • Retomar las rutinas en cuanto sea posible. Si se está centrado la mayor parte del tiempo en el malestar emocional, el sistema se puede desbordar. Retomar las actividades cotidianas es de gran utilidad en este momento.
  • Es importante sentir que se dispone de apoyo emocional. Puede ayudar a sobrellevar la situación y supone un factor de protección. Es conveniente ponerse en contacto con personas del entorno y aceptar su ayuda. A veces se es reticente por pensar que se puede sobrecargar a las personas cercanas. Sin embargo, no dudaríamos en ayudarles a ellos en caso de que fueran afectados.
  • En la vida cotidiana, aunque pueda parecer extraño, surgirán sentimientos agradables de ternura, agradecimiento, cariño, y también momentos de risa y jovialidad, entre otros. Es importante permitirse vivirlos tal y como vienen. Las personas somos así, somos capaces de sentir tristeza y gran malestar, y al poco tiempo reírnos por algún comentario que nos hagan. Algunas personas viven estas emociones con pesar y en realidad, suponen un factor de protección.

Si en esta situación de ALARMA no has podido estar con tu ser querido, ni despedirte tal y como te hubiera gustado, es probable que te encuentres apenado por ello. No se han dado las condiciones adecuadas y es lógico que sintamos dolor por el transcurso de los acontecimientos.

Lamentamos profundamente esta situación. Estamos viviendo una etapa excepcional, por lo que factores externos a nosotros mismos, están impidiendo hacerlo de otra manera.

Busca apoyo para compartir tu malestar y/o para cualquier cosa que necesites. Nuestra red social de apoyo puede estar constituida por distintos grupos: familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, y también asociaciones, teleasistencia, voluntarios, profesionales, etc.

En caso de que tengas que pasar el periodo de confinamiento en soledad, es importante que te comuniques por otras vías como el teléfono, mensajes o videoconferencia.

Si te encuentras en la situación de vivir el duelo sin haber podido acompañar a tu ser querido, ni participar en los rituales fúnebres, entendemos que estarás pasando un momento muy duro.

No olvides que, aunque no puedas estar físicamente con tus seres queridos, ellos siguen estando ahí. Su función en este momento es la de acompañarte y prestarte la ayuda que necesites estando atentos a tus necesidades.

También es importante tener en cuenta que las personas tenemos la capacidad de realizar actos simbólicos para expresar aquello que necesitamos. Quizá puedas realizar cualquier gesto que te permita tener la despedida que te parezca oportuna, aunque no sea la que hubieras preferido.

Ahora se trata de seguir viviendo, aprendiendo a estar vinculados de una forma distinta al ser querido que ya no está con nosotros.

Cada persona deja un legado, una serie de experiencias y aprendizajes que son imborrables a pesar de la ausencia. Poco a poco estos aspectos se irán abriendo paso entre el dolor, y nos permitirá sentirnos más reconfortados.

Este proceso ante la pérdida se considera normal, necesario y no patológico.

Si el malestar persiste algunos meses, se debe pedir ayuda profesional sanitaria adecuada (psicólogos u otros profesionales de la Salud).

Carolina Soba

Psicóloga Sanitaria