ADULTOS

Las personas no se conforman con solucionar sus problemas clásicos (como la ansiedad y depresión u otros problemas vitales y todos los tipos de patologías), sino que también aspiran a vivir mejor. El confort psicológico hoy día es un derecho al que todos aspiramos, eso hace que los psicólogos ayudemos a solucionar problemas, que antes se admitían con ánimo determinista.

Los psicólogos acompañamos y ayudamos a llevar bien todos estos procesos, que aun siendo ya normales, pueden dar lugar a desajustes importantes en las personas.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Al igual que ocurre con la tristeza, la ansiedad es una emoción con una función en nuestra especie: la de ponernos en alerta ante una situación de peligro. La ansiedad se convierte en problemática cuando aparece en una situación que no es peligrosa realmente y nosotros reaccionamos ante ella evitándola (o evitando las situaciones que nos lleva a ella) o luchando en contra, comenzando así una batalla infructuosa que nos llevará a tener cada vez más limitaciones en nuestra vida diaria.

LA ANSIEDAD SE MANIFIESTA CON ALGUNOS DE LOS SIGUIENTES SÍNTOMAS:

  • INQUIETUD
  • AGITACIÓN
  • TEMBLOR

  • TAQUICARDIA
  • SENSACIÓN DE AHOGO A FALTA DE AIRE
  • SENSACIÓN DE MAREO
  • SUDORACIÓN
  • SEQUEDAD EN LA BOCA 

  • NÁUSEAS O VÓMITOS
  • SENSACIÓN DE (NUDO) EN EL ESTÓMAGO
  • TENSIÓN MUSCULAR
  • HORMIGUEO

  • DIFICULTADES DE CONCENTRACIÓN, ATENCIÓN Y MEMORIA 

Si no gestionamos nuestra ansiedad adecuadamente, puede dar lugar a los siguientes trastornos psicológicos:

Fobia específica: se da cuando aparece un miedo no funcional ante determinados estímulos que no son peligrosos; por ejemplo: miedo al ascensor, a volar, al metro, a la sangre, a ciertos animales (perros, palomas, serpientes,…).

Fobia social: la persona siente una intensa ansiedad ante las situaciones en las que se ha de relacionar socialmente, de manera que, en muchas ocasiones, evita las mismas para no sentir dicha emoción. Se intensifica en aquellos contextos en los que se siente evaluado por los otros.

Ataques de ansiedad o Trastorno de pánico: se caracteriza por producirse una ansiedad intensa y porque la persona hace una interpretación catastrofista de los síntomas debido a la misma (cree que le está dando un ataque al corazón, o que se está asfixiando, o que se va a morir, o que se va a volver loco, o que va a hacer algo que escapa a su control como salir corriendo o gritar,…).

– Con agorafobia: la persona tiene miedo a tener un ataque de pánico en un lugar de difícil acceso a la ayuda necesaria, por lo que empieza a evitar ciertas situaciones tales como aglomeraciones (o de manera más sutil, por ejemplo, si van al cine, se sientan en los lugares más cercanos a la salida) o a alejarse de una zona que él considere segura.

Trastorno obsesivo compulsivo: ocurre cuando se tienen ideas intrusivas desagradables que la persona intenta evitar realizando ciertos rituales para “neutralizarlas” o evitaciones para que no ocurra lo que teme. Pueden ser de diversas temáticas: limpieza, orden, contagio de enfermedades, daño a otros o a sí mismo, religiosas,…

Hipocondría: preocupación por tener una o varias enfermedades. Se tiene un miedo intenso a padecer una enfermedad grave por lo que la persona o bien evita cualquier estímulo relacionado con la enfermedad (ej. No habla de enfermedades, o no va al médico cuando es necesario, no ve películas o lee libros en las que aparezca la enfermedad temida,…), o bien realiza comprobaciones constantes de posibles síntomas (ej. Mirar reiteradamente un lunar que cree sospechoso, consultar a médicos sobre lo que le ocurre, preguntar a los demás buscando que le tranquilicen, buscar por internet información sobre la enfermedad,…), o bien lleva a cabo estrategias tanto de evitación como de comprobación.

Ansiedad generalizada: la persona manifiesta preocupaciones excesivas y constantes por situaciones variadas de la vida cotidiana, impidiendo su funcionamiento normal. En general, este tipo de preocupaciones se dan “desde siempre”, es decir, la persona tiene la sensación de que han estado presentes toda su vida.

El tratamiento de la ansiedad no tiene como objetivo que la misma desaparezca, ya que ésta es necesaria para nuestra vida. Lo que se pretende, es enseñar estrategias para una buena gestión, que pasan por la aceptación de la misma, así como por intentar reducir las limitaciones que ocurren en nuestra vida por un manejo inadecuado.

PROBLEMAS DE PAREJA

DIFICULTADES DE PAREJA:

Las dificultades de pareja se caracterizan por ser conflictos que suelen provocar insatisfacción en uno o ambos miembros de la misma, pudiendo generalizarse este malestar a otras áreas de la vida de las personas. Pueden ser dificultades en la convivencia, problemas en la comunicación, disminución de actividades gratificantes en pareja, celos, infidelidad, etc.

Dentro de los problemas de pareja también podemos incluir aquellos consecuentes a situaciones de divorcio y separaciones: en ocasiones, y teniendo en cuenta la intensidad emocional de la situación, alguno de los miembros de la pareja puede sentirse desbordado y con manifestaciones de soledad, desesperanza o sensación de vacío. Aquí se incluye también el apoyo para afrontar procesos de custodia compartida, cómo informar a los hijos, pautas educativas ante la nueva situación, etc.

La llamada terapia de pareja ofrece ayuda a miembros de parejas insatisfechos con su relación y, como en otras intervenciones, las primeras sesiones se dedican al establecimiento de una adecuada alianza con los miembros, evaluación de la motivación y expectativas, así como del motivo de consulta. Durante la intervención se proponen alternativas de solución para resolver, de la mejor manera, la problemática específica.

Una de las demandas principales de las parejas que acuden a consulta se refiere al modo en que se comunican. En tales casos, se pretende que las personas aprendan a comprender al otro y a “hablar su mismo idioma”; para ello, se llevan a cabo entrenamientos en habilidades de comunicación.

En cuanto al formato de las sesiones, a veces estarán presentes ambos miembros de la pareja (sobre todo para evaluar la interacción entre los dos) y, otras veces, puede que se lleven a cabo sesiones individuales. Hay casos en los que uno de los miembros no quiere acudir a terapia, pudiéndose intervenir desde la persona que sí tiene la motivación para ello.

DIFICULTADES SEXUALES:

Las dificultades sexuales son aquellas que aparecen antes, durante o después de los encuentros eróticos. Aquí se incluyen la dificultad para llegar al orgasmo (anorgasmia), el vaginismo (la imposibilidad de la mujer para iniciar y mantener el coito), el dolor en la penetración vaginal (dispareunia), la insatisfacción sexual (dificultad para tener placer en los encuentros eróticos), dificultades de deseo (falta de deseo sexual), dificultades de erección (disfunción eréctil), insatisfacción con el momento de la eyaculación (eyaculación precoz o eyaculación retardada), dificultades relacionadas con abusos sexuales o de pareja, dificultades para aceptar la orientación del deseo (homosexualidad, bisexualidad…), dudas con respecto a la identidad sexual (transexualidad), duelo en la pareja (ruptura o fallecimiento), dificultades en la gestión de deseos eróticos infrecuentes o poco aceptados socialmente (las denominadas “parafilias”) etc.

En los casos anteriormente comentados, el terapeuta mantiene una especial sensibilidad ya que se considera que hablar e intervenir en la sexualidad de las personas resulta algo muy íntimo. En todo momento se adecúa el ritmo al del cliente y se ponen a su servicio conocimientos específicos sobre el tema.

La atención a las dificultades eróticas o sexuales se vertebra en la denominada “sexología sustantiva”, disciplina que estudia los sexos (hombre y mujer) y sus diferencias e interacciones. Con tal modelo, junto con el sistémico y cognitivo-conductual, entre otros, se favorece la eficacia de las intervenciones.


DEPENDENCIA EMOCIONAL Y RELACIONES ABUSIVAS O DE MALTRATO:

Algunas personas requieren atención psicológica por el modo en que se vinculan a otros. En tales casos pueden establecerse relaciones abusivas o de maltrato por las relaciones de dependencia que se generan, temiendo el cliente el abandono. Siendo así, la persona suele abandonar las actividades que anteriormente desempeñaba y, progresivamente, reduce sus relaciones sociales.

En general, se siente una incapacidad para interrumpir la relación de dependencia y; el papel del psicólogo, en estos casos, es orientar a la toma de decisiones para que elija la alternativa que favorezca su bienestar a largo plazo. Para lograr ese objetivo es necesario que la persona aumente su autoestima, gestione adecuadamente sus emociones y aprenda a comunicarse de forma asertiva. Tales cambios podrán ser logrados con la ayuda de un profesional de la Psicología.

En los casos de maltrato, además, el psicólogo valorará y aconsejará la necesidad de recurrir a medidas legales para garantizar la integridad de la persona, valorando en todo momento el riesgo en el que se encuentra.

PROBLEMAS DEL ESTADO DE ÁNIMO

EPISODIOS DEPRESIVOS:

Los problemas del estado de ánimo suelen ser bastante frecuentes en la población general. Todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado una tristeza intensa en determinados momentos de nuestras vidas. Si no aprendemos a gestionar adecuadamente dicha tristeza, se puede generar un problema mucho mayor.

La tristeza, como toda emoción, tiene una función en nuestra vida diaria. En algunas ocasiones, nos ayuda a afrontar ciertas pérdidas o cambios. En otras, busca el apoyo social de nuestros más allegados. En otras ocasiones, puede ser la señal que nos avisa de que necesitamos poner soluciones a ciertas situaciones. El problema con la tristeza no es la propia tristeza, sino cómo gestionamos la misma. En muchas ocasiones, si no hacemos un buen manejo, ésta se puede intensificar e instalar en nuestras vidas, dando lugar a una serie de síntomas parecidos a los siguientes:

  • SENSACIÓN DE INTENSA TRISTEZA O VACÍO: tal y como hemos dicho es el síntoma principal.

  • APATÍA: desgana, desmotivación. Cuesta un mayor esfuerzo realizar las actividades cotidianas.

  • ANHEDONIA: incapacidad para experimentar placer. Las cosas que antes nos gustaban, parece que pierden la gratificación que nos producían.

  • CAMBIOS EN EL SUEÑO: dificultades para dormir o sueño en exceso. En muchas ocasiones hay despertares tempranos sin poder volver a conciliar el sueño.

  • CAMBIOS EN LA ALIMENTACIÓN: disminución del apetito o comemos en exceso

  • MENOR INTERÉS EN LAS RELACIONES SOCIALES: por lo que se reducen o se evitan.

  • SENTIMIENTOS DE CULPA: están más presentes en su día a día.

  • IRRITABILIDAD: nos molestamos con mayor facilidad y lo expresamos a los que nos rodean, lo que nos puede generar problemas con los más cercanos.

  • LLANTO: se da con mayor frecuencia. En ocasiones, puede suceder que no podamos llorar, aunque sintamos muchos deseos de hacerlo.

  • PENSAMIENTOS NEGATIVOS más frecuentes: sobre uno mismo (nos vemos incapaces de hacer las tareas cotidianas, nos infravaloramos, …), el funcionamiento del mundo (pensamientos negativos sobre los otros: “me van a dejar de querer”, “no les importo” y el futuro (“no hay salida”, “no voy a volver a ser el que era”).

  • DESESPERANZA pensamientos de que no hay solución y de que la situación no va a mejorar.

  • FATIGA la persona puede notar un intenso cansancio, lo que añade más dificultad en la realización de sus tareas diarias.

  • AGITACIÓN O ENLENTECIMIENTO a la hora de llevar a cabo las actividades cotidianas.

  • PENSAMIENTOS SOBRE LA PROPIA MUERTE O DESEOS DE MORIRSE: cuando tenemos bajo estado de ánimo pueden aparecer ideas sobre desaparecer (a veces no tiene por qué implicar deseos de muerte). Alrededor de un 90 % de la población lo ha podido experimentar alguna vez en su vida. Otras personas sí pueden llegar a desear la propia muerte e incluso puede ser que hayan fantaseado con la manera de hacerlo. En ocasiones se tiene incluso diseñado un plan concreto para ello. Es imprescindible pedir ayuda profesional cuando empezamos a tener este tipo de pensamientos y de deseos.

Los psicólogos podemos ayudar a las personas que están en una situación similar a la anterior a poder tener mayores recursos para afrontar la misma, para que ésta no se intensifique o se llegue a hacer crónica. Enseñamos estrategias para una buena gestión de la tristeza, y para que así no se produzcan problemas más graves. Es por ello que recomendamos que se pida ayuda profesional cuando sospechemos que estamos sufriendo una situación parecida a la descrita o que podemos llegar a padecerla.


TRASTORNO BIPOLAR:

Dentro de los problemas de estado de ánimo también se pueden dar este tipo de trastornos. Se caracterizan por tener episodios depresivos (como los descritos anteriormente) y episodios maníacos. Un episodio maníaco se da cuando la persona tiene un estado de ánimo elevado anormalmente, que se manifiesta con los siguientes síntomas:

  • AUTOESTIMA EXAGERADA O GRANDIOSIDAD: pensar que se pueden hacer o que se hacen cosas para lo que uno no está preparado ni formado.

  • DISMINUCIÓN DE LA NECESIDAD DE DORMIR: se sienten descansados tras dormir pocas horas (por ejemplo: 4 horas).

  • VERBORREA: hablar más de lo habitual.

  • FUGA DE IDEAS:  la persona tiene la sensación de que el pensamiento está acelerado.

  • DISTRAIBILIDAD: dificultad en concentrarse en una tarea concreta.

  • AUMENTO DE LA ACTIVIDAD INTENCIONADA: ya sea social, laboral, de ocio…

  • IMPLICACIÓN EN ACTIVIDADES PLACENTERAS QUE TIENEN UN ALTO POTENCIAL DE PRODUCIR CONSECUENCIAS GRAVES: compras, inversiones económicas altas y arriesgadas, relaciones sexuales promiscuas, aumento de la ingesta de alcohol, tabaco u otras drogas,…

El trastorno bipolar necesita atención profesional, por lo que es necesario que se busque ayuda psicológica y médica, en cuanto se sospeche que estos síntomas están haciendo aparición.

ADICCIONES

Muchas veces los conflictos sobre drogas y otras adicciones, vienen mediados por la urgencia de la persona y/o los familiares que realizan la demanda; haciendo que, en un primer momento, hablar sobre el consumo y la dependencia lo ocupe todo.

La droga o la adicción está en primer plano, dejando poco o ningún espacio para las potencialidades de la persona y lo que se esconde detrás de esa conducta. Se demanda un cambio en el síntoma, que se suele colocar en la abstinencia del paciente, identificado por la familia.

Este tipo de cuestiones pueden tener asociados grandes problemas de salud y un gran sufrimiento para los familiares que están alrededor, más si cabe si es que la historia se repite y se siente esa frustración añadida por no poder prevenir una circunstancia que has vivido anteriormente.

No obstante, es importante poder diferenciar el consumo experimental propio de una etapa vital, de un consumo de riesgo, de forma que no se minimice ni amplifique un problema determinado. Para ello es importante poder ver más allá de la conducta en concreto y extraer significados personales o funciones, que está cumpliendo el consumo o la conducta adictiva.

Una vez erradicados los aspectos biológicos de una patología adictiva es necesario poder redefinir la conducta y tratar de que la persona pueda hallar el significado de la misma. En ocasiones enmascara otro tipo de problemas de tipo relacional/ emocional o incluso sirve para que la familia no aborde cierto tipo de cuestiones, al estar centrados en el peligro de la adicción.

Es importante prestar atención a este tipo de dinámicas y restablecer la confianza y erradicar comportamientos persecutorios y de control que frecuentemente se generan, para devolver lo relacional al plano de pareja, madre/padre, hijos o hermanos y no al de consumidor vs cuidador.

Desde Luria Psicologia abogamos por este tipo de enfoque integrador, donde se pueda ayudar a abandonar la conducta adictiva, yendo más allá de la misma, desactivando el poder de la sustancia y/o comportamiento adictivo. Además también interviniendo en los otros planos de disfunción que estén debajo de la conducta adictiva, para así prevenir un desplazamiento de la sintomatología a otro tipo de conductas dañinas para el individuo y el ambiente que lo rodea.

DUELO

Se denomina duelo al proceso que experimenta la persona para asimilar la nueva situación tras una pérdida, o ante una pérdida próxima. Dicha pérdida puede ser de varios tipos: el fallecimiento de una persona allegada, la pérdida de un puesto de trabajo, una ruptura de pareja, una ruptura con una amistad importante, una enfermedad que modifica la calidad de vida, etc.

Es un proceso natural donde en los momentos iniciales se considera normal que se pueden producir respuestas muy intensas y atípicas, como las siguientes:

  • RESPUESTAS FISIOLÓGICA: vacío en el estómago, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización: “nada parece real”, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca,…

  • RESPUESTA COGNITIVA: incredulidad, confusión, preocupación excesiva sobre el fallecido, sentido de presencia (notar al fallecido presente), alucinaciones,…

  • RESPUESTA MOTORA: sueño alterado, soñar con el fallecido, trastornos alimentarios, conducta distraída, aislamiento social, evitación de lugares y situaciones que le recuerden al fallecido, buscar y llamar en voz alta, hiperactividad desasosegada, llorar, visitar lugares y llevar objetos que le recuerden, atesorar objetos del fallecido,…

Inicialmente, cuando nos comunican un fallecimiento o una mala noticia, lo habitual es que se dé tal impacto que genere una respuesta de incredulidad, incluso de negación “Esto no me puede ocurrir a mí”, “Seguro que ha sido un error”, “Se ha equivocado”,…

Poco a poco vamos asimilando la noticia y se empiezan a experimentar un torbellino de emociones mezcladas. Algunos autores proponen que en el proceso de duelo se dan una serie de fases donde, al principio predomina el enfado y la rabia, como respuesta a una situación que no queremos y contra la que nos rebelamos; y en momentos posteriores predomina la tristeza, siendo fundamental para asimilar la nueva situación.

Las circunstancias de la muerte o del cambio inesperado pueden incidir en su asimilación.

  • CIRCUNSTANCIAS FACILITADORAS: que se comunique la mala noticia de forma adecuada, que se tenga información (por ejemplo: de la enfermedad) para poder ir asimilando la nueva situación, que se considere natural (fallecimiento de una persona muy mayor), que no se den circunstancias traumáticas, que la persona se haya podido despedir del fallecido, …

  • CIRCUNSTANCIAS QUE DIFICULTAN: fallecimiento imprevisto (por accidente, en ausencia de enfermedad), muerte traumática (homicidio, suicidio, agresión, desaparición del cuerpo,…), fallecimiento de un hijo, falta de información sobre un diagnóstico fatal, comunicación inadecuada de la mala noticia.

La labor del psicólogo en estos casos consiste en acompañar a la persona en el proceso. Es imprescindible el papel de la escucha activa, validando la experiencia dolorosa de la persona, y creando un espacio de calidez que favorezca la expresión emocional en ausencia de juicio.

Worden propone una serie de tareas en la elaboración del duelo, que pueden resultar clarificadoras para avanzar en el proceso:

    1. ACEPTAR LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA
    2.  TRABAJAR LAS EMOCIONES Y EL DOLOR
    3. PREPARARSE PARA UN MEDIO EN QUE EL FALLECIDO ESTÁ AUSENTE
    4. REUBICAR A LA PERSONA Y SEGUIR VIVIENDO

Cuando el proceso no se asimila de forma natural, pueden producirse varios perfiles de duelo complicado:

  • DUELO CRÓNICO
  • DUELO RETRASADO
  • DUELO EXAGERADO
  • DUELO ENMASCARADO

El psicólogo atenderá las necesidades específicas de cada persona, identificando los aspectos clave que están dificultando el proceso, para poder favorecer su asimilación.

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Cada vez son más comunes los problemas de la conducta alimentaria. Tener una buena relación con la comida, es fundamental para que no aparezcan dichas dificultades. Las exigencias de nuestra sociedad con respecto a nuestro físico, el efecto reforzante de la comida (tanto porque funciona como un relajante natural, como por el placer que generan), el acceso a comida rápida y altamente calórica,… son factores que ha incidido en que estos trastornos hayan aumentado en las últimas décadas.

Entre los trastornos de alimentación más conocidos podemos señalar:

  • ANOREXIA: en general suele darse lo siguiente:

    • una restricción alimentaria por lo que se produce una pérdida de peso considerable.
    • un miedo intenso a engordar, así que además de la restricción también puede cursar con otras conductas destinadas a la reducción de peso: ejercicio excesivo, vómitos, laxantes,…

    Una alteración de la imagen corporal, la persona no se ve lo suficientemente delgada a pesar de que puede tener un peso por debajo del saludable.

    Suelen entrar en una espiral de la que les cuesta salir por sí mismos. Es por esto que se recomienda una atención especializada (compuesta por un equipo de profesionales de diversa índole) para poder ayudarles a mejorar sus vidas.

  • BULIMIA:  Se caracteriza por tener episodios de atracones (ingesta de comida altamente calórica en un espacio de tiempo reducido, con sensación de no control; generalmente se produce a solas) y conductas compensatorias destinadas a reducir las consecuencias del atracón, ya que también en este trastorno se da un intenso miedo a engordar. Estas conductas compensatorias pueden ser: provocación del vómito, uso de laxantes o diuréticos, ejercicio excesivo,…

    En muchas ocasiones, la frecuencia, intensidad y duración de estos atracones van en aumento por lo que la ayuda de un profesional puede ser muy beneficiosa para poder enseñar estrategias de control adecuadas.

  • TRASTORNO POR ATRACÓN: se dan episodios de atracones, pero no las conductas compensatorias. También está presente la sensación de falta de control. 

  • OBESIDAD: En muchas ocasiones el exceso de peso está relacionado con malos hábitos alimenticios. La atención psicológica puede ser muy beneficiosa para generar nuevos hábitos más saludables, así como para establecer relaciones con la comida más sanas.

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Se trata de trastornos fisiológicos en los que factores psicológicos y sociales woman-918981_960_720inciden de forma sustancial en su génesis y desarrollo.

Son aquellos en los que un alto nivel de activación en el organismo, durante un periodo de tiempo prolongado, produce o agrava síntomas físicos que requieren atención médica.

Algunos ejemplos son:

  • CUTÁNEOS: sudoración excesiva, urticaria, alopecia, dermatitis, …

  • ENDOCRINOS: híper e hipo tiroidismo con síntomas psíquicos.

  • MÚSCULO- ESQUELÉTICOS: tortícolis, mialgias, contracturas, fibromialgia,…

  • GASTROINTESTINALES: gastralgias, diarreas, úlcera péptica, colon irritable,…

  • CARDIOVASCULARES: hipertensión arterial,
  • ALTERACIONES EN EL FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA INMUNE
  • ALTERACIONES DEL SUEÑO: insomnio, hipersomnia, sonambulismo, síndrome de piernas inquietas,…

  • ALTERACIONES EN EL FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA INMUNE

Es importante saber que en este tipo de enfermedades inciden los siguientes factores:

1- Factores hereditarios que influyen en la vulnerabilidad biológica.

2- Exposición prolongada a estresores donde tiene una importancia fundamental el estilo de vida, las demandas del entorno, eventos vitales estresantes, …

3- Déficit en las habilidades de gestión emocional que dificultan que el organismo disponga de momentos de reposo y baja activación.

Es importante señalar que, únicamente los factores hereditarios, no determinan el desarrollo de este tipo de patologías.

Es prioritario promover un estilo de vida saludable con hábitos adecuados en entornos adecuados, y facilitar pautas de gestión emocional que nos permitan regular el exceso de activación.

La atención psicológica, tras una evaluación individualizada, ofrecerá una serie de pautas que permitan un funcionamiento más efectivo y sano, potenciando un afrontamiento eficaz con un coste fisiológico más reducido.

“Conocimiento, método y experiencia en psicología, aplicados con profesionalidad, sencillez y calidez. “
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