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Hola! me estreno aquí dispuesta a equivocarme, así que allá voy. Desde mi punto de vista y en relación a la primera pregunta, imagino que el trabajo tiene que ir dirigido, entre otras cosas, a cambiar la relación del adolescente con su “sentir” y “pensar”. Es decir, trabajar esa identificación literal entre lo que sienta/piensa y lo que él “es”. Por otro lado, una psicoeducación en relación a lo que conocemos como personalidad. Que pueda entender mejor de qué se trata, cuánto de susceptible al cambio es, la influencia de nuestras experiencias, de nuestro contexto, en quiénes somos (nuestra historia de aprendizaje). Con cautela, sin tratar de instaurar en él un cambio inmediato ni mucho menos impuesto, ya que precisamente eso tendría un efecto contraterapéutico. Desde un posicionamiento flexible, validando su postura, porque hasta el momento esa es “su experiencia”, en su búsqueda de identidad, y esa búsqueda no debe ser castigada. Nuestro papel sería mas bien el de ir “moldeando” algunas creencias inadecuadas pero en ningún caso el de condicionar en una dirección determinada su búsqueda de identidad. Ese proceso es fundamental, precisamente es lo que caracteriza a la adolescencia, y tiene que tener lugar. De ahí la diferencia semántica entre “búsqueda” de la identidad, y “formación” de la identidad (aunque la formación es parte del proceso inherente a la búsqueda).
A la hora de trabajar en ello, utilizaría un lenguaje adecuado a su edad, haría referencia a ejemplos cotidianos, evidencias en su propia historia, materiales complementarios (fragmentos de series, videos…), supuestos, etc. En todos los casos, imagino que el primer paso será vincular adecuadamente con él para favorecer el trabajo terapéutico.

En relación a la segunda pregunta, imagino que en muchas ocasiones, de la mano a esas dudas aparecerán ciertos miedos (al qué dirán, a sus propios pensamientos “me he quedado mirando un par de veces en los vestuarios a una compañera, ¿querrá decir esto que me gustan las chicas?”, a una reprimenda por parte de sus familiares, al posible rechazo…). Si esto fuera así, sería una de las cosas que incluiría en los objetivos terapéuticos: sus miedos. Además de incluir aspectos mencionados en el punto anterior, añadiría reestructuración de creencias disfuncionales (si las hubiera), validación de sus propias emociones, “acompañamiento”…. Imagino que habrá otras cosas fundamentales que me dejo en el tintero.