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Me parece un tema muy interesante e importante de tratar, y que a veces no recibe la suficiente relevancia hasta que nos encontramos con un problema así.
Efectivamente los niños desde muy pequeñitos tienen sentimientos y conductas de celos y envidia, muchas veces por la llegada de algún nuevo miembro, como puede ser el nacimiento de un hermano, como bien comentabas. Al principio puede ser una conducta normal, sin una importancia excesiva, aunque igualmente es importante saberlo manejar. El problema está cuando esto se mantiene en el tiempo y aprenden a relacionarse con los demás, o con aquello que no tienen pero que si está presente en otras personas, desde este malestar y resentimiento, que a su vez genera inseguridad. Se puede observar en los niños un cambio de actitud y comportamiento, por ejemplo, enfados persistentes a veces sin justificación ninguna, lloros, conductas disruptivas y oposicionistas hacia objetos o hacia los demás, ya sea el nuevo miembro o los propios padres, retrocesos evolutivos como una actitud y lenguaje más infantil o hacerse pis o caca y muestran alteraciones respecto a la comida o al sueño, principalmente.
Esto puede estar influido por el propio temperamento y/o la propia educación o estilo educativo de los padres. Creo que es importante validar la emoción pero sin mostrar más interés del que corresponde, es decir, no reforzar y ceder ante las conductas de celos, pues hace que se mantenga y además obtenga ganancias secundarias. Tampoco hacer como si nada, ya que es un mensaje importante y nos quiere decir algo, al igual que aceptar de manera incondicional los celos, y dejar que forme parte de su forma de relacionarse, así como que aprenda que es normal compararse con los demás, sentir envidia constantemente y maldecir a los otros por lo que tienen o han conseguido.
En este caso seria importante ir preparando al niño sobre el nuevo miembro, mostrarle los privilegios de tener un hermano y de ser el mayor, hacerle partícipe junto a los padres de algunos cuidados (sin dejarle el peso a él), ya que así lo verá como una persona a la que ayudar y no por la que competir, retirar la atención a las conductas celosas, con las que buscan la llamada de atención y reforzar y atenderle las positivas y deseadas, no comparar con los hermanos ni manifestar más aprecio o preferencia por alguno de ellos, no cuantificar el afecto, potenciar las habilidades y capacidades positivas de cada uno, dedicar tiempo en común mostrando el valor de la cooperación y dedicar tiempo a cada uno por separado, pero siempre por igual. No nos olvidemos que también son conductas que pueden aprender de sus padres.
Esto es importante ya sea de cara a un hermano o a una nueva pareja de los padres.
Por otro lado,los padres también pueden tener celos de los hijos, bien porque sea algo que han aprendido desde pequeños o han tenido situaciones difíciles, o bien por la inseguridad y la envidia por el éxito o las cosas que hacen bien los hijos y que ellos no pudieron conseguir. A veces desde el parto, los padres pueden ser desplazados por el sentimiento de protección y atención de la madre respecto a los hijos, el olvido o refuerzo a los momentos de pareja (aunque al principio es normal), con las pérdidas de reforzadores correspondientes. En otras ocasiones son obligados a ser padres a la fuerza, y no tienen ese sentimiento, siendo una molestia el hijo más que una satisfacción. Quizá seria necesario trabajar aspectos personales y creencias del padre, así como potenciar su autoestima, y en los casos en los que se quiera mejorar la relación con los hijos y con la pareja, pautas y formas de actuación y acercamiento.