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    • #1867
      LOURDES CONDE ALVAREZ
      Participante

      En el módulo de la semana pasada de “Psicosis y Rehabilitación Psicosocial”, hablábamos de la importancia del vínculo establecido con el paciente para poder trabajar de forma adecuada con personas que sufren un trastorno psicótico. De hecho, “exagerábamos” diciendo que si con cualquier paciente el vínculo es esencial, en el trastorno mental grave, así como en trastornos de personalidad, esta conexión entre profesional y paciente va más allá aún. Nos convertimos en modelos sanos de funcionamiento social así como en uno de las pocas relaciones seguras que ha establecido el paciente a lo largo de su vida.

      Cuando estudiamos la carrera de psicología, nos hablan de competencias básicas que debe tener un psicólogo de orientación clínica, tales como la empatía, comprensión, aceptación incondicional, escucha activa, autenticidad,…palabras que conocemos sobradamente pero que no siempre sabemos cómo manejarlas en sesión para crear una relación sana y que promueva el cambio de la persona que tenemos en frente.

      En base a mi experiencia, he visto que eso se consigue precisamente con la misma, pero me pregunto al ver a nuestros alumnos que comienzan ahora: ¿Hay alguna fórmula secreta para promover el vínculo con un paciente nuevo? ¿”actuamos” un vínculo seguro o es nuestra forma real de relacionarnos con el mundo y las personas? Y es que, en algunas ocasiones, no nos sale ser auténticos o genuinos, ni entendemos y mucho menos aceptamos lo que hace el otro… ¿Qué sucede entonces con el vínculo? ¿Puede fallar el vínculo pero no así la alianza terapéutica?

      La semana pasada tuve una nueva paciente que venía con una necesidad de desahogo impresionante. No me dejó hablar ni un sólo segundo de la hora que duró la sesión más, al terminar, me dijo que se había sentido muy acogida. Me dejó pensando en ello varios días…y es que el vínculo es mucho más que mostrar simpatía o decir frases magistrales.

      ¿Qué opináis compañeros?

    • #1883
      MARTA ORTEGA OTERO
      Participante

      ¡Totalmente de acuerdo! En mi opinión, lo complicado es justo dar respuesta a las preguntas que planteas: ¿cómo sé que esa persona necesita que la escuche y no que la aconseje? (como en el caso que ejemplificas).

      Ahí reside el juicio, las competencias y destrezas del /de psicólogo/a, ¿cómo lo hacéis? 😉

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