El poder de las palabras: La importancia de nuestro lenguaje

La fábula de la rana
La fábula del poder de la palabra relata la historia de un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Las ranas se reunieron alrededor del hoyo y cuando vieron cuan hondo era les dijeron a las dos ranas en el fondo que, para efectos prácticos, se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió, se desplomo y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: ¿No escuchaste lo que te decíamos?” La rana les explico que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse para salir del hoyo.
Lo que nos enseña la fábula de la rana
Esta sencilla fábula nos recuerda que los humanos somos seres lingüísticos, es decir, que somos seres que habitamos en el lenguaje. El lenguaje nace de la interacción social entre los seres humanos, en consecuencia y como dice Rafael Echevarría en su libro “La ontología del lenguaje”, el lenguaje es un fenómeno social, no biológico.
El lenguaje es generativo, abre o cierra posibilidades de acción, crea realidades, hace que las cosa ocurran.
El poder de las palabras es enorme. Lo que decimos a otros puede animarlos a avanzar o hacerlos desistir. Y lo que nos decimos a nosotros mismos, una y otra vez, termina moldeando nuestras creencias y acciones. Un ejemplo de ello es cuando nos decimos “no puedo hacerlo”. Ese “no puedo hacerlo” cierra posibilidades de acción, en cambio, si me digo “soy consciente de que es difícil, si bien voy a intentarlo” estoy abriendo posibilidades y pasando a la acción en el terreno, que es dónde ocurre la vida.
El lenguaje que nos habita: nuestro lenguaje interno
Nuestro lenguaje interno es como una corriente subterránea que moldea nuestra experiencia del mundo que vivimos e interpretamos. Si esa corriente está hecha de crítica y desconfianza, nos arrastra más bien hacia abajo. Si en cambio cultivamos palabras de apoyo, de paciencia, de aliento y de respeto hacia nosotros mismos, descubrimos fuerzas que ni sabíamos que teníamos.
La rana de la fábula no llegó más lejos porque fuera más fuerte o ágil, sino porque supo protegerse (consciente o no) del ruido externo. Fue fiel a su propio camino, a sus respuestas de saltar y saltar para sobrevivir, sin contaminarse de los “no puedes” que le decían sus compañeras.
Muchas veces no son los obstáculos externos los que más nos detienen, sino las voces —externas o internas— que repiten “no puedes, es demasiado difícil, no eres suficiente.”
¿Cómo es nuestro diálogo interno o también llamada nuestra radio interna?
¿Es un diálogo desde la amabilidad, el respecto, la comprensión y aceptación a nosotros mismo? o, por el contrario, ¿es un diálogo desde la crítica, la exigencia, el rechazo y el juicio hacia nosotros? Si las personas cohabitamos con un diálogo interno más bien negativo, nos resultará obviamente muy difícil mantener una actitud y motivación que nos lleven a pasar a la acción, pero si aprendemos a transformar un dialogo interno negativo y limitante por un más positivo y empoderador, podremos ser más conscientes del poder transformador de las palabras en nosotros.
Cómo transformar tu lenguaje interno
Sabemos que al igual que no podemos dejar de pensar, pues somos los Sapiens “seres pensantes”, no podemos dejar de tener lenguaje interno, que es un evento privado nuestro. Por tanto, para transformarlo te propongo:
- Escucha tu diálogo interno: date cuenta de cómo te hablas. ¿Eres tú peor crítico, tu saboteador, tu enemigo o, por el contrario, tu mejor aliado, tu amigo, tu compañero?
- Reemplaza las frases limitantes: cambia un “no puedo” por un “voy a intentarlo.”
- Rodéate de palabras nutritivas: busca entornos, personas, aforismos, frases, lecturas que te inspiren, etc.
- Sé como la rana sorda: filtra las voces externas que solo traen desaliento y enfócate en tu meta poniendo tu atención y energía en ella.
Las palabras tienen poder, crean realidades
Las palabras no solo describen nuestro mundo, también lo crean como mencionaba al principio. Lo que repetimos se convierte en creencia; lo que creemos, en acción; y lo que hacemos, en resultados. Como decía el ya fallecido biólogo Humberto Maturana las palabras y conversaciones no son solo un fenómeno lingüístico sino una combinación de dos factores básicos: lenguaje y emociones. El lenguaje y los estados emocionales están estrechamente relacionados entre sí. Generamos un lenguaje de emociones y de estados de ánimo.
Y sí, las palabras tienen poder y mucho. Así que la próxima vez que tu voz interna te hable, recuerda a la rana de la fábula. Tal vez la diferencia entre abandonar y lograr tu objetivo o meta esté en lo que decides escuchar y en lo que decides decirte a ti mismo/a.
Escoger qué escuchar
Y para terminar la reflexión es inevitable que lance la pregunta: ¿qué pasaría si también nosotros aprendiéramos a ser, en cierto modo, “sordos” a lo que nos limita? No se trata de ignorar la realidad, sino de elegir con cuidado las voces que dejamos entrar en nuestro interior.
Quizá la verdadera libertad comience allí: en hacernos responsables del diálogo que cultivamos dentro de nosotros. Porque al final, lo que decidimos escuchar —y lo que decidimos decirnos— puede marcar la diferencia entre abandonar o perseverar, entre vivir a medias o vivir con mayúsculas.
Loreto Sauqué Escartín
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada: M35554
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