¿Plenas vacaciones o vacaciones plenas?
La tendencia a confundir la cantidad con la calidad

En esta época del año, donde se exhiben sin pudor todo tipo de planes en las redes sociales, se pone de manifiesto una vez más la representación social extendida del verano ideal. Sin embargo esta imagen no se corresponde con muchas otras realidades. O quizá represente de forma sesgada una pequeña parte de lo que supone. Existes muchas formas distintas de vivir el periodo estival. Para algunas personas será descanso, diversión y viajes, mientras que para otras consistirá en añorar una salida que no pueden hacer, en trabajar o resolver algún asunto que se había quedado pendiente. ¿Significa entonces que sólo se puede estar bien si nos toca la varita del ocio ilimitado? Debo confesar que a veces acabo agotada viendo imágenes publicadas en redes de fiestas, comidas, playas, viajes… ¿Querrá decir que si nos toca estar en otras situaciones lo pasaremos mal irremediablemente? La respuesta está clara. Parece que no es lo mismo tener unas vacaciones saturadas de planes, que poder disfrutarlas con atención plena.
¿Qué es la atención plena o Mindfulness?
El origen del término Mindfulness se encuentra en la práctica de técnicas meditativas antiguas orientales aunque, quien lo propone como disciplina científica es Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad de Massachusetts a finales de 1970. Él propone que “Mindfulness significa prestar atención de una manera especial: intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar”. Tiene que ver con la expresión actualmente popularizada de vivir el presente. En definitiva disfrutar del momento, saboreando la vida en cada instante. Yo, aquí y ahora.

Este estado surge en ocasiones de forma natural, pero no es lo más frecuente. Experiencias como disfrutar de una conversación escuchando activamente o comer nuestro primer helado en la playa, son ejemplos que muestran que es posible. Cuando en nuestra mente únicamente está la experiencia que estamos viviendo sin pensamientos sobre otras cosas y sin juzgar, estamos en atención plena. Sin embargo, la función de la mente de garantizar la supervivencia, nos hace anticipar posibles riesgos y poner el foco en el futuro en demasiadas ocasiones. Poder percibir indicadores de alerta para ponernos a salvo ha sido crucial en la evolución de la especie. Por tanto, es esperable y natural que nuestra mente se active para evitar peligros. Quizá hayas sentido alguna vez que esas “alertas” que, en origen son adaptativas, se te han ido de las manos. El estrés acumulado y el cansancio pueden hacer que sobre-reaccionemos y el periodo estival puede suponer una oportunidad para desactivarnos y para que nuestra mente a la par se serene. Siguiendo los dos ejemplos citados antes, os invito a visualizar cómo se darían con atención plena. ¿Cómo sería esa conversación? Imagina que mantienes una escucha activa, observas el lenguaje no verbal, participas y preguntas para ampliar información y te das cuenta del significado de las pausas y los silencios. Sería distinto que pensaras en cualquier otra cosa, miraras el móvil o tu atención estuviera en aquel grupo cercano escandaloso.

Sin duda serían dos experiencias muy diferentes. ¿Cuál de ellas preferirías? ¿Qué opción te parece más enriquecedora? Ahora visualiza que tienes ese helado en tus manos y vas a empezar a degustarlo. Primero observas sus características, color, brillo, textura, frescor… Luego empiezas a ingerirlo poco a poco, disfrutando de cada matiz que percibes, su sabor, su olor, el frío en la boca… Te das tu tiempo, el que necesites, sin prisa… Parece que esta experiencia sería distinta a tomarse el helado con prisa, mientras estás con el móvil y caminas rápido hacia otro lugar. Las diferencias parecen claras. Quizá el reto esté en proponernos este enfoque de forma intencionada en actividades cotidianas. Pequeñas cosas como la ducha, el desayuno o un paseo, pueden ser las que nos sirvan de banco de pruebas para ir entrenando a nuestra mente a vivir el presente.
Algunos mecanismos que dificultan la atención plena
A veces lo que nos puede alejar del presente es poner el foco en lo que nos falta, en aquello que no tenemos accesible. El contexto en el que vivimos propicia que se de cierta “presión social” acerca de lo que debe ser un buen verano. ¿Has sentido alguna vez que tus planes eran “poca cosa” en comparación con lo que publican en redes otras personas, o en lo que escuchas a otras personas? Lo cierto es que cuando nuestra atención está en el crucero que ha hecho tu amiga, o en aquel viaje exótico que has escuchado, perdemos la oportunidad de disfrutar de las oportunidades de nuestro presente. “Si nos comparamos con los demás y hacemos balance, podemos concluir que estamos por encima o por debajo, alejándonos de una valoración justa de nuestra realidad”. Las comparaciones con frecuencia nos llevan a la queja y con ella alimentamos un sentimiento de insatisfacción. Con la insatisfacción volvemos a la queja y así podemos entrar en bucle durante un tiempo indeterminado, hasta el infinito o más allá. “Poner el foco en lo que somos, en lo que hacemos y en las oportunidades que tenemos, nos aporta claridad, serenidad y energía para afrontar nuevos retos”.

¿Qué tal si nos proponemos disfrutar de cada momento sea en Maldivas, en el pueblo o en la butaca de nuestra casa? El ser humano es complejo y hasta en un entorno paradisíaco, tenemos la capacidad de estar mentalmente en otro lugar.
Yo, aquí y ahora. ¿Qué puedo hacer?
Una vez conocidas algunas claves para identificar en qué consiste la atención plena, es posible que te preguntes qué puedes hacer para propiciar este tipo de experiencias. “Una clave importante consiste en entender que es algo intencionado. Se trata de poner atención de forma consciente. En definitiva, quitar el piloto automático”. La respiración es un elemento importante. Siempre nos acompaña y puede tener el efecto de ancla. En situaciones críticas, es beneficioso pararse un momento y centrarse en la respiración. Nos aporta calma y reduce la impulsividad. “Dedicarnos a observar nuestra respiración, sin intención de modificarla, durante unos segundos dos veces al día, nos ayuda a centrarnos en el momento presente”.

Otra forma de entrenamiento es realizando actividades de la vida cotidiana. Si te propones prestar atención de forma deliberada comprobarás que tu mente está más descansada, que mejora su funcionamiento y que ganas agilidad. “Elige cada día un par de momentos en los que puedas practicar atención plena como la ducha, el desayuno, una conversación o el paseo de vuelta a casa”. También puedes iniciarte en prácticas meditativas. Existen numerosas aplicaciones disponibles para poder iniciarse, además de múltiples vídeos que pueden resultar útiles. “Dedicar unos minutos al día a meditar supone ofrecernos un espacio de autocuidado que nos ayuda a centrarnos, serenar la mente y equilibrar la actividad fisiológica”.

Desde hace años se han realizado numerosos programas que aplican el Mindfulness por lo que se dispone de información contrastada sobre sus efectos para el bienestar de las personas. Algunos de ellos son: la mejora de las funciones ejecutivas y en especial de los procesos atencionales; el fortalecimiento del sistema inmunitario; el aumento de capacidad reflexiva; la reducción de los indicadores fisiológicos del estrés y avances significativos en la gestión emocional. ¿Qué tal si te das la oportunidad de iniciarte? En tu verano, sea cual sea, quizá puedas añadir algún matiz que marque la diferencia. ¿Vacaciones plenas?
Psicóloga con habilitación sanitaria
M- 14665
Responsable de Espacio Abierto Luria
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