LOURDES CONDE ALVAREZ
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Cada vez estoy más convencida de que psicología se escribe con “p” de perfecto, así como psicólogo termina con “o” de obsesivo. De hecho, quisiera pensar que todas las profesiones que trabajamos directamente con personas tenemos esas mismas variables de personalidad, ya que el material que manejamos es altamente sensible.

Imagino que cuando empezamos a ver pacientes, más de uno y más de dos de nosotros, revisaba varias veces los casos, e incluso le quitaba el sueño el sufrimiento de aquellos que confiaban en nosotros. Hoy en día, no se trata de darle la vuelta a la tortilla porque nos haría inhumanos, pero hemos aprendido (como dice Bea) a autocuidarnos para poder seguir trabajando precisamente de la forma más efectiva posible para el paciente. Y sí, también estoy de acuerdo, el trabajo en equipo y la supervisión de casos facilita enormemente esta tarea. Ya sabemos que “ningún hombre es una isla” y ver otros puntos de vista, suele aclarar el camino.
Por otro lado, lo de si se generaliza este rasgo perfeccionista a otras áreas, creo que la respuesta es afirmativa pero con un matiz: al final, los que somos muy perfeccionistas, tenemos un área de nuestra vida donde nos permitimos el desorden (en diferente gradación) e incluso el caos. Es la válvula de escape de nuestra olla a presión aunque ésta no siempre sea adaptativa ni saludable.
¿Ya habéis identificado cuál es vuestra válvula?

Pd: siguiendo vuestra estela, me expondré a no darle al corrector ortográfico…¡que sea lo que dios quiera!