Ser madre y volver a trabajar
Un camino en el que trabajar nuestra flexibilidad psicológica.

La maternidad es una experiencia que lo cambia todo. Desde el momento en el que surge el deseo o el anhelo de ser madre, hasta el primer test de embarazo, el dolor y la tristeza de los negativos y de la perdida gestacional, hasta la llama fuerte de la alegría de escuchar por primera vez el latido. Si tenemos una certeza, es que es una de las etapas, en las que nuestras emociones fluyen de una manera más intensa.
La vida empieza a transformarse de maneras que no se pueden anticipar. La maternidad está llena de amor, ternura y momentos únicos, pero también de dudas, cansancio, desesperanza y una fuerte sensación de falta de control que no siempre es fácil de transitar.
En este contexto, la vuelta al trabajo viene de la mano de una invitada no deseada, la culpa. Tras meses de maternidad casi exclusiva, en los que dejamos de lado muchas partes de nuestra identidad, volver a trabajar nos conecta con un “abandono” de nuestro bien más preciado, que no sabemos cómo gestionar.
Por ello, como madres es fundamental que lo primero que pongamos en valor es aceptar lo que sentimos, sin luchar contra ello, entender que estas emociones forman parte de la experiencia humana. Sentir culpa no nos hace ni mejores ni peores madres, nos hace más humanas.
Como madre recién incorporada al trabajo he tenido que transitar todas estas emociones y la flexibilidad psicológica me ha ayudado a vivir este viaje con apertura, presencia y amor.
¿Qué puede ayudarnos a llevar mejor esta incorporación al trabajo tras la maternidad?
Estar presente en lo que importa: estar aquí y ahora.
Vivir cada momento, desde una carcajada, un abrazo o incluso las noches sin dormir. Cada segundo cuenta y es único. Por ello es tan importante, que cuando llegamos a casa, pongamos el móvil en modo avión y conectemos con nuestros hijos. Cuando pensamos en el tiempo que pasamos junto a ellos y dudemos de si es suficiente para cultivar el vínculo o su adecuado desarrollo, lo importante no es cuánto, sino que sea de forma plena.
Recordar mis valores en medio del caos
Los días en los que te sientes superada: emails del trabajo, llamadas importantes, pañales, llanto, responsabilidades, falta de tiempo, etc. En esos momentos es importante preguntarse: ¿qué tipo de madre quiero ser? ¿Cómo me veo desde los ojos de mi hijo? No una madre perfecta, sino una madre presente, afectiva y coherente con mis valores. Esa brújula interna nos guía cuando las emociones nos desbordan y nos recuerdan que, aunque nos equivoquemos, podemos volver a lo que es esencial.

Soltar la lucha con mis pensamientos
Muchas veces nuestra cabeza se llena de frases como: “lo estoy haciendo mal”, “debería estar más feliz” u “otras lo hacen mejor que yo”.
La realidad es que estos pensamientos no son más que palabras, no son verdades absolutas. Son frases que nos abordan en medio de los procesos que estamos viviendo. En lugar de luchar contra ellos, lo ideal es observarlos, entender que responden a un estado emocional y continuar viviendo nuestras experiencias de forma plena.
Un camino de crecimiento y de construcción de nuestra identidad.
La maternidad es una oportunidad de crecimiento. No se trata de eliminar el dolor, el cansancio o la duda, sino de aprender a convivir con ellos mientras sigo construyendo la relación que quiero con mi hijo/a y conmigo misma.
Volver al trabajo nos permite reconectar con partes de nuestra identidad que habíamos dejado de lado y, por tanto, crecer en nuestra experiencia personal. Soy mamá, pero también psicóloga, profesora, amiga, pareja, mujer, hija, hermana, tía… y una infinidad de variables que forman parte de mi identidad y es fundamental permitirnos reconectar con ellas.
La flexibilidad psicológica no hace que la maternidad sea fácil, pero sí la hace más transitable. Me permite abrazar la imperfección, soltar la lucha contra lo que no puedo controlar y acercarme cada día a la madre que quiero ser. Porque al final, ser madre no es hacerlo todo bien, sino vivir este viaje con apertura, presencia y amor.
Psicóloga Sanitaria y Directora Clínica de Luria Psicología.
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