Cuándo el cuerpo importa demasiado. Los Trastornos de Conducta Alimentaria y la importancia de la imagen corporal

¿Sientes que la comida, tu cuerpo o tu imagen ocupan gran parte de tus pensamientos o te generan malestar? ¿Te cuesta disfrutar de situaciones sociales por cómo crees que los demás perciben tu cuerpo o por lo que has comido? Podrías estar experimentando una relación problemática con la alimentación y la imagen corporal.

Los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) implican una forma de relacionarse con la comida, las emociones, la identidad, la autoestima y la imagen corporal de una manera disfuncional, afectando a cómo la persona se vincula consigo misma y con su entorno.

En este artículo encontrarás qué son los TCA, cuáles son sus causas y cómo se originan, cuál es su tratamiento y cómo podemos prevenirlos.

¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)?

Desde el punto de vista médico, los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta se han entendido como una alteración persistente en los hábitos o comportamientos relacionados con la alimentación, que afecta al consumo o a la absorción de los alimentos, lo que provoca un deterioro significativo tanto en la salud física como en el funcionamiento psicosocial de la persona.

Pero, en realidad, cuando hablamos de TCA nos referimos a algo más amplio: a una forma de relacionarse con la comida, con las emociones, con la identidad, la autoestima y con la propia imagen corporal. Por tanto, constituyen dificultades que van más allá de lo orgánico e implican la manera en que la persona se vincula consigo misma y con su contexto.

En este marco, la imagen corporal adquiere un papel especialmente relevante, ya que actúa como una variable central que influye en la forma en que la persona se percibe, se valora y regula su conducta alimentaria.

No pueden entenderse como enfermedades propiamente dichas, dado que no se ha identificado ningún marcador biológico claro ni exclusivo de los TCA que los explique por sí solo. Como se desarrollará a continuación, se trata de fenómenos complejos en los que intervienen múltiples factores (psicológicos, sociales, familiares y biológicos) que no actúan de manera aislada, sino que se influyen y modulan entre sí a lo largo del tiempo, dando lugar a determinados patrones de relación con el propio cuerpo, la alimentación y el entorno.

Estos patrones de alimentación se engloban en un conjunto de problemáticas, como la anorexia nerviosa, la bulimia, el trastorno por atracón, la pica, el trastorno de rumiación y el trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos.



Manos atadas con una cinta métrica sobre un plato vacío, símbolo de la restricción en los trastornos de la conducta alimentaria



¿Por qué aparece? Causas y factores de riesgo

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria no tienen una única causa, sino que se explican por la combinación de distintos factores que interactúan entre sí. En su desarrollo y mantenimiento influyen aspectos psicológicos, sociales, familiares y biológicos que se van relacionando. A continuación, se hace referencia a los diferentes tipos de factores influyentes en el desarrollo y mantenimiento.

Factores predisponentes, que son aquellos que no causan un TCA de manera directa, pero facilitan su aparición, y que se dividen en:

  • Factores biológicos, como la vulnerabilidad genética y el funcionamiento de sistemas relacionados con el apetito.
  • Factores individuales, como una baja autoestima, perfeccionismo o dificultades para identificar y transitar emociones.
  • Factores familiares, como los estilos de crianza, expectativas elevadas, o la existencia de dietas o patrones restrictivos de alimentación.
  • Factores sociales, como la presión estética, los ideales de delgadez y la influencia de los medios y redes sociales.

Factores precipitantes, que son acontecimientos o momentos vitales que pueden considerarse como iniciadores del problema. Algunos de ellos son la presión por adelgazar, la insatisfacción corporal, comentarios o juicios de valor sobre el cuerpo, la importancia otorgada a la estética, mensajes familiares que otorgan un valor moral a la dieta, la delgadez o la fuerza de voluntad, cambios vitales, estrés, etc.

Factores mantenedores, que hacen que un problema se mantenga en el tiempo. Es clave preguntarse qué papel está desempeñando y qué está permitiendo (por ejemplo, la regulación emocional, la sensación de control sobre la comida y sobre la imagen corporal por la pérdida de peso, comentarios o halagos recibidos del contexto por la pérdida de peso, o la autovaloración positiva: la idea de perder peso puede hacernos sentir válidos), y qué está evitando (no entrar en contacto con pensamientos, recuerdos o situaciones internas difíciles, ya que la atención se dirige hacia la comida y el cuerpo).

El papel de la imagen corporal

La imagen corporal se define como la representación mental que una persona tiene de su propio cuerpo, así como los pensamientos y emociones asociados a él, y la relación que establece con dichas experiencias.

A raíz de la presión social para tener cuerpos determinados que encajan con el canon de belleza considerado como «válido», con la idea de «salud», y toda la industria que hay detrás que se encarga de encontrar «defectos» nuevos, hemos aprendido que el cuerpo es una herramienta de aceptación o rechazo social, por lo que hemos llegado a entenderlo como un proyecto a corregir o modificar de manera constante.

Una manera que hemos encontrado de «corregirlo» es mediante la alimentación, por ejemplo, a través de la búsqueda de comida considerada «sana», la realización de ayunos prolongados o la restricción de determinados alimentos. Asimismo, pueden aparecer conductas que intentan «compensar» lo ingerido, como el ejercicio físico excesivo, el control rígido de las calorías o la adopción de hábitos inflexibles en torno al cuerpo y la salud, que pueden acabar generando un TCA.

Estas prácticas, lejos de responder únicamente a un cuidado genuino del bienestar, suelen estar guiadas por la necesidad de ajustarse a estándares externos, lo que puede generar una relación conflictiva con el propio cuerpo. De este modo, el valor personal queda condicionado a la apariencia física, favoreciendo la insatisfacción corporal y el mantenimiento de conductas rígidas que limitan la calidad de vida.

Estas limitaciones en la calidad de vida suelen aumentar en verano, ya que es una época en la que el cuerpo está más expuesto. Esto hace que muchas personas se preocupen más por cómo se ven y por lo que los demás puedan pensar. Como consecuencia, pueden aparecer conductas de evitación, como taparse más con la ropa o evitar ir a la playa, la piscina o a reuniones sociales por miedo a sentirse juzgadas, especialmente cuando creen que su cuerpo no encaja con el ideal de delgadez que marca la sociedad.

En estos casos, también es común dejar de hacer planes o actividades que podrían ser agradables, simplemente para no exponerse. Poco a poco, esto puede llevar a que la persona disfrute menos de su vida, tenga menos contacto social y tome menos decisiones en función de lo que realmente le apetece o le hace bien, y más en función del miedo o la inseguridad.



Joven en verano cubriéndose la cara con un flotador, representando la evitación por insatisfacción con la imagen corporal



Síntomas

La sintomatología presente en los diferentes TCA es variable, por lo que vamos a hablar de dicha sintomatología de una manera general. Es importante comprender que ninguno de estos síntomas por sí solos son indicadores de la presencia de un TCA.

Entre dicha sintomatología podemos encontrarnos sintomatología relacionada con:

  • Peso corporal. En concreto, se suele utilizar el índice de masa corporal (IMC) para valorar la necesidad de acompañar el tratamiento psicológico con otros especialistas.
  • Ingesta de comida. La cantidad y variedad de la alimentación, número de comidas, alimentos «prohibidos», y restricciones o atracones.
  • Conductas relacionadas con la comida, como comer lento, acumular comida, o comer a escondidas.
  • Preocupación constante por la comida, pensamientos sobre qué comer, cuándo comer, si «se ha hecho bien o mal», o la necesidad de controlar continuamente la ingesta.
  • Conductas compensatorias o purgativas, como vómitos, uso de laxantes, o la realización de ejercicio para «quemar» lo comido.
  • Culpa y arrepentimiento tras episodios de ingesta percibidos como «excesivos».
  • Miedo a ganar peso y creencias sobre la relación entre el aumento de peso con infelicidad, desaprobación social, etc.
  • Insatisfacción corporal.
  • Tendencia perfeccionista, necesidad de logro, alto nivel de autoexigencia, alta deseabilidad social.
  • Impulsividad.
  • Ansiedad.
  • Síntomas físicos, como dificultades para conciliar el sueño, debilidad, estreñimiento, o amenorrea.

Tratamiento

En general, la intervención en TCA va orientada a:

  • En los casos en los que no la haya, facilitar que la persona tome consciencia de lo que está ocurriendo, ya que es probable que la persona haya normalizado ciertas conductas relacionadas con la alimentación, ya que las entiende como «normales», «necesarias» o «bajo control», o porque hay cierta desconexión con el malestar emocional.
  • Educación sobre las variables del contexto que han favorecido la aparición del problema, con el objetivo de desarrollar una capacidad crítica para entender cómo influyen, y poder tomar decisiones de manera consciente.
  • Instaurar hábitos de autocuidado adaptativos, como una rutina de alimentación para ayudar a la persona a desarrollar una relación más estable, flexible y saludable con la comida, incorporando hábitos de alimentación que favorezcan su bienestar físico y emocional.
  • Identificación de pensamientos asociados a la comida, el cuerpo, la imagen corporal y la autoestima para generar flexibilidad cognitiva y mejorar la relación con ellos.
  • Identificación y regulación emocional, ya que determinadas conductas como los atracones, las compensaciones o las restricciones de alimentación están relacionadas con dificultades para regular emociones consideradas desagradables, y se utilizan a modo de alivio de dicho malestar.
  • Atención a otros problemas asociados, como las relaciones familiares o sociales, entrenamiento en habilidades de afrontamiento, mejora en la gestión de sintomatología asociada, solución de problemas, etc.
  • Fortalecer la autoestima y trabajar el autoconcepto para transitar hacia una imagen más ajustada.
  • Si fuera necesario, restablecer el peso mínimo saludable y abordar las complicaciones médicas asociadas, en coordinación con otros profesionales de la salud cuando sea preciso.



Mujer mirándose al espejo con actitud amable hacia su cuerpo, representando el trabajo de la autoestima y la imagen corporal en terapia



Prevención

Para prevenir la aparición de un TCA, es necesario intervenir a nivel social, con el objetivo de desmontar ideas rígidas que influyen en la imagen corporal, la relación con la comida y con el propio cuerpo. Entre estas ideas se encuentra la cultura de la delgadez, en la que se asocia estar delgado con tener éxito, así como los ideales de belleza que se transmiten socialmente y que suelen ser poco realistas.

Del mismo modo, es fundamental tener en cuenta el impacto de las redes sociales y los medios de comunicación, ya que amplifican la exposición a imágenes corporales idealizadas y favorecen la comparación constante, lo que puede aumentar la insatisfacción corporal.

A nivel familiar, es importante evitar comentarios relacionados con la alimentación, el peso o el cuerpo, así como tener cuidado con la transmisión de modelos alimentarios rígidos, como las dietas constantes o la clasificación de alimentos como «buenos» o «malos». Este tipo de mensajes puede favorecer la aparición de una relación conflictiva con la comida, así como sentimientos de culpa o ansiedad al comer determinados alimentos. En su lugar, es recomendable fomentar una alimentación flexible y adaptada a las necesidades individuales, además de ofrecer apoyo emocional que permita a los niños y adolescentes aprender a gestionar sus emociones sin recurrir a la comida o al cuerpo como vía de regulación.

Por último, también es importante el trabajo en el ámbito escolar, ya que desde la infancia existe una fuerte necesidad de pertenencia al grupo de iguales, lo que hace que la apariencia cobre especial relevancia. En este contexto, es necesario prevenir y frenar conductas dañinas relacionadas con el cuerpo, el peso o la alimentación, como burlas, comentarios despectivos o cualquier forma de violencia verbal o social.

Ainoa Valbuena Suárez
Psicóloga Sanitaria M-39230

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